Un mundo tan extraño y lleno de ardores,
el ardor que causan los hijos en los padres,
el ardor a la vida y el suelo que pisamos
y ardores para todos los que no quieran a nadie.
Los labios que se alcanzan y terminan de colores
entre nosotros van formando dos pilares,
los pilares caen y el fuego lo apagamos,
dando paso a la humedad de los hostales.
Dulce ardor para los bellos animales
que vemos crecer y morir cual malos padres;
bello destello, has de faro y sé la luz
que se mantiene en las recámaras de los amantes.
Ardor de los sumisos pero estoicos impecables,
ardor en los celosos insaciables,
ardor imparejo, ardor desangrado,
ardor desde lejos que se apaga en el viaje.
Mi ardor inmaduro se acaba al instante,
desborda, explota y expira, es desechable;
ardiente deseo que no entiende de amos
palabras tristes que no le pertenecen a nadie.
domingo, 6 de noviembre de 2016
sábado, 5 de noviembre de 2016
Ensayo 33
1 de Noviembre
He acordado una entrevista de trabajo. Al poco rato Fabiola me llama, preguntando si aun esta en pie la salida de hoy. No recordaba nada al respecto, pero termino llevándola donde será la entrevista, que al fin de cuentas es un centro comercial. Ella llega un poco tarde y no la culpo, no conocía esta parte de la ciudad. Hablamos, comemos, me cuenta sus problemas que no parecen tener fin. Por mi parte, me mantengo ajeno, ser sólo un amigo es aburrido pero me compadezco de ella. En este momento lo necesita. Ella me espera mientras tengo mi entrevista de trabajo, en la cual la oferta no suena tan mal, más que por el pequeño detalle de unos papeles casi imposibles de conseguir en mi situación. Me retiro en paz de ahí y vuelvo con Fabiola, que de alguna forma logró sacar más problemas a relucir. Quizás hay personas que se quejan de todo o quizás toda su vida apesta.
Me despido y llego a casa. En cierto modo, me siento solo, así que decido hablarle a Laura. Ella parece estar algo seria, pero trato de ser tan agradable como me permite mi amargura. De repente soy callado por un "Espera, tengo algo que contarte" y mi corazón se enfría y entumece. El día de su fiesta, ha ido su exnovio y con las copas encima, la nostalgia, el deseo... no entraré en más detalles.
Duele.
Le pregunto si ha seguido hablando con él y ella afirma, así que le pregunto si piensa volver con él y ella duda. Tragué saliva y más, y le mencioné que lo nuestro siempre fue una parada en el camino, que había reglas y una de ellas era que de encontrar a alguien mas, nos dejaríamos ir sin mayor problema. Lo digo y me siento vacío, quizás por el frío.
Ella lo entiende.
Entonces, se empieza a despedir, y antes del adiós le digo que la amo. A ella le da miedo esa palabra, pero dice también sentir amor por mí. La despedida dura horas, hablando de hubieras, de posibilidades, de cursilerías y demás encantos que libera esa palabra y así hasta que dan las tres... y el adiós llega su fin y me siento en paz.
2 de Noviembre
Me levanto y hablo con Laura, tratando de mantener una amistad, en parte para no hacerla sentir que no me importa, en parte porque de verdad es así. De repente me doy cuenta: en una hora de charla he fumado tres cigarrillos y entiendo que no estoy bien, que me estoy forzando demasiado rápido así que decido colgar.
Sigo fumando, empiezo a beber un par de cervezas que había en el refrigerador. Poco tiempo después llega Alfredo con un amigo suyo y más cervezas. Tomo otro par, pero el alcohol no se sube, no me alivia. Saco el whiskey y sigo bebiendo.
Llegan más amigos de Alfredo, viejos conocidos míos, tres hermanos. El mayor tocó alguna vez conmigo en una banda, la de en medio tiene razones para despreciarme, en parte por mi obstinación a querer salir con ella, la menor tiene poco que cumplió la mayoría de edad, por lo que cuando la conocí no pudimos conversar gran cosa, no hubiera sido bien visto supongo. Siento la indiferencia de los tres hacia mí, pero me trae sin cuidado. Estando roto lo demás no vale nada. Me limito a ser un buen anfitrión y a seguir bebiendo y seguir fumando, hasta que decido cubrirme entre las sabanas y dejar que el sueño me haga olvidar un momento por lo menos.
3 de Noviembre
No hay resaca, sino más bien un ligero alivio. La casa está sola y no me es dificil hacer algo al respecto. Le llamo a Laura. Al principio trato de ser cordial, buen amigo como el día anterior hasta que entiendo "esto no está funcionando", y vuelvo a decir aquella palabra que tanto peso tiene para mí y se desprende tan fácil de mis labios. Ella sólo dice gracias, pero en lugar de sentirme mal, no me siento rechazado, así que empiezo a hablarle como aquella noche hace dos días, y a ella le gusta, y vuelve a ser la misma de antes, y nada podría alegrarme más que eso. Quizás haya un todos felices al final de esto, quiero pensar que es posible a pesar de la distancia. Algo maravilloso brota de mí, algo que no sentía desde hace años, y ni siquiera estoy seguro si es igual, quizás sea más... Ella empieza a hablar de cuanto me desea, un deseo muy carnal que me sobra y basta y me tienta a seguir ahí, esperando el día para cumplirle.
4 de Noviembre
Me levanto tarde. Ni siquiera he ido a la entrevista que tenía el día de hoy. Me excusé argumentando que merecía algo mejor. Le hablo a Laura y escupo mariposas y arcoiris, juego al tierno mientras que ella se siente querida, amada, pero también confundida. Eso no importa. No ha dicho que no. Ella juega a quererme y yo a que la amo, y aunque el juego es muy parecido, noto la inminente diferencia. Me duermo un instante y tengo un sueño de lo más irrelevante pero al despertar lo entiendo. Algo cambió. Vuelvo a hablarle a Laura, pero ya no escupo mierda de colores, sino una plática sencilla, disimulada, porque ahora en el fondo de mí entiendo que esto no irá a ningún lado.
Carlos hoy ha salido de clases, y su forma de celebrarlo es estando con Bianca toda la noche, mientras que Alfredo ha viajado para ver a su padre, y en el camino verse con un par de chicas que ha conocido recién.
5 de Noviembre
Empiezo el día a la una de la tarde. Preparo la comida de una vez, y la acompaño con una cerveza. La cerveza se convierte en whiskey y la comida en cigarrillos, y así empieza un maratón de soledad. Cuando Carlos vuelve a casa, me encuentra apenas consciente, divagando sobre lo que siento, sobre lo que no y me siento aun mas solo, frío por dentro, así que tomo otro whiskey para intentar incendiar mi garganta pero no llega al alma.
Más tarde me encuentro en la mesa, y veo al teléfono fijamente. En un parpadeo me encuentro hablando con Laura, y diciéndole lo que siento. Que me causa más dolor que placer, que quizás soy un egoísta por quererla de una vez al lado mío, que puedo ser un idiota, que en un par de meses esté mas lejos que nunca. Ella dice entender. Entiende que estoy pasado de copas. Se despide.
6 de Noviembre
La resaca sigue sin golpear a mis puertas, y no espero que lo haga. Es un día de paz, de no molestar, de has lo que quieras, y lo que quiero en este momento y que no me moleste es estar en mi cuarto, escribiendo, sintiendo el viento filtrandose por la ventana, fumando un cigarrillo, jugando a ser más entre menos y luego menos entre nada. Mis ojos se cierran, y entonces vuelvo a tener uno de esos sueños locos, donde no duermo solo, donde los problemas son mas sustanciosos y no tan espirituales, algo irónico para la situación. Entonces despierto y como algo, lo primero que pueda improvisar; hablo con Laura y me encuentro como si la última semana no hubiese pasado, hablando de lo superficial, de lo perecedero, de lo influctuoso pero falaz del ánima. Y me siento en paz, vacío, pero en paz.
7 de Noviembre
He vuelto a buscar trabajo, los lunes son adecuados por la presentación, presencia de alguien qe empieza bien la semana, una finta similar a la que dan los gordos el primer día de Enero en el gimnasio. Consigo una entrevista para el miércoles y me doy por bien servido.
Le hablo a Laura, apenas y contesta. Quizás es sólo mi imaginación, quizás su cariño se está decantando hacia el otro lado, preguntar no ayuda, pensarlo tampoco, pero ahí está el vacío entre linea y linea y puede que mi amor haya muerto en tiempo record. Intento hablar de la carne, del deseo, del capricho familiar, pero cada palabra suena más ajena, mas lejana. Primera vez en mucho tiempo que yo me despido antes que ella.
9 de Noviembre
Madrugo para ir a una entrevista. Esta es especial. Es de mi carrera. Después de tres horas de camino hasta la planta (lo cual de por si ya era desalentador), me tope con un reclutador gris, simple, hablándome de esclavitud disfrazada de oportunidades. No soy sólo yo, realmente el horario de trabajo apestaba y el salario era menor que el de un vendedor que apenas y acabó la secundaria. Saliendo, me fui a otra, justamente de vendedor. Me encontré con otras treinta personas en busca de un puesto para la empresa, y con reclutadores dinámicos que sabían leer a la gente a traves de su individualidad. Quizás fue por eso que quedé para el proceso de capacitación.
Nota: Me perdí de camino a la segunda entrevista, y al ubicarme, vi a una joven de vestido rojo, con un caminar elegante, y una espalda que terminaba hipnotizando a los peatones masculinos. Durante el tramo hacia aquel edificio, me empeñé a acelerar el paso a fin de poder ver su rostro, y justo una cuadra antes del destino la vi: No quedé decepcionado. Lo curioso es que después de que me registrase en recepción, la vi entrando y registrándose también. Ahí estaba frente a mí, en la sala de espera. El silencio era necesario. Para mi sorpresa, ella también pasó a la siguiente etapa, y me vi caminando el mismo trayecto de antes, esta vez de regreso y con la diferencia de que caminaba a su lado, halábamos, reíamos, jugábamos. La acompañé hasta su transporte y al despedirme le pedí su teléfono, a lo cual ella aceptó. No pienso volver a verla, pero fue divertido mientras duró.
10 de Noviembre
La capacitación ha durado diez horas, más la hora que me perdí buscando el camino a casa. No siento las piernas y apenas puedo abrir los ojos.
11 de Noviembre
Me quedé dormido. Estoy fuera. He hablado un poco con Laura, sobre alejarnos un tiempo, sobre lo que siento que es correcto. Ella me cree incorrecto pero no me ha detenido. En este punto no se si es cuestión de orgullo o de un amor incomprendido.
12 de Noviembre
He visto a Miriana. Le acaban de robar el bolso, y yo ya no encuentro palabras para consolar la desgracia en ella. Trato de hacerla olvidar un momento el trago amargo y la invito al cine. La función tardó un par de horas para empezar, por lo que aproveché para preguntarle por su situación con "G". Al parecer no están juntos como antes, sino mas bien juegan a conocerse, a cambiar, al empezar de cero y yo no lo entiendo. Hace mucho que no estoy en una situación o quizás nunca lo he estado ni lo estaré.
14 de Noviembre
Llamadas entrecortadas con Laura, pláticas banales, no más cariños. Si, mi amor está agonizando. Hablo con ella y se entretiene haciendo mil y un cosas que me dejan colgado. Veo la hora y es media noche, así que le pregunto si no irá a dormir. Dice no tener sueño y entonces empiezan las preguntas, la indagación sobre la distancia, sus sentimientos, y ella dice no estar segura, que no entiende como se distrae tan seguido. Yo lo entiendo, he estado en esa situación, donde tratas de no pensar en el problema, en el punto final, en el buena suerte y hasta luego. Y entonces las preguntas dan frutos, y los frutos están secos, marchitos, acompañados de un sabor de desaliento por los tiempos venideros. Pido consejo a su boca, pero no parece querer buscar alguno. Entonces dejo de retrasar lo inminente y solicito el adiós, uno que durase hasta que me necesitase, que me dejase de querer y que preferentemente, yo también la dejara de querer.
Adiós.
15 de Noviembre
He salido con Carlos y Alfredo a cenar en uno de esos restaurantes de tres b's. Sirve para despejarme un poco de tantas ideas adversas e inmejorables en soledad. A decir verdad, los tres siempre tenemos algún problema, Carlos inventado como complicar las cosas con Bianca en su afán de perfiles idealistas, Alfredo con el rezago de su amor hacia Silvia. Comida para los imposibles.
17 de Noviembre
He mandado a calibrar mi guitarra. En un par de días ensayare con Alfredo y un par de amigos, esperando tener algo de alivio de la monotonía.
Carlos ha salido de viaje para ver a su familia, hay más silencio.
19 de Noviembre
El sueño llegó muy tarde y la música demasiado temprano, y así con ojeras un intento de ritmo se mezclaba con una melodía disonante, creando un pequeño fiasco, como los que tenía en la preparatoria. Entiendo que es la primera vez, que estoy oxidado, pero creí que podía esperar más.
20 de Noviembre
Después del ensayo del día anterior, Miriana llamó para venir a la casa. Había alcohol y comida, así como buen ambiente, aunque no podía evitar el nerviosismo de tener a Miriana cerca. Por alguna razón, mi corazón se sentía libre de amarla, sin miedos, sin ataduras, pero no así todo lo demás en mí, que se mostraba retraído al contacto directo. El alcohol ayudó, por lo menos hasta que el whiskey y el vodka se terminaron, dejando en mis manos lidiar con una Miriana que apenas se sostenía de pie, bailaba para dar un paso adelante, y se recostaba en el suelo, el cual jamás había sido tan cómodo como en ese momento.
Después de que Alfredo se aislase a sus apocentos, acompañé a Miriana al cuarto de Carlos, y a expensas de todos los contras que pude haber encontrado, el pro predominante (el alcohol) me hizo acostarme al lado suyo. Jugamos un poco, ella divagaba y decía sin sentidos, y yo reía y propiciaba su risa, acariciaba sus rizos para calmar su desatino, y me permitía velar por su bienestar. En algún punto y dadas las circunstancias de su razón, se deshizo del brasier y volvió a acostarse al lado mío. No dudo que mi cara se haya puesto roja en ese momento y aunque el morbo se quería apoderar de mi vista, me mantuve al margen de su rostro inocente de toda perversión.
Sin embargo, he de admitir que el alcohol no es buen consejero (Alfredo es un gran ejemplo de ello), y entonces las palabras se fugaron de mi boca hacia sus oídos apenas conscientes, y las recibieron con gran atención del divagar de sus pensamientos. Sin embargo, por cada palabra que se esfumaba, así también mi pecho se desarmaba con sus respuestas gentiles pero indeseables para mis adentros. Las horas pasaron, y el sueño terminó por abatir sus ojos, pero no del todo su boca, y así como buen idiota, rocé mis labios con los suyos, pero entonces lo noté: ella ya estaba dormida. No fue un beso, no hubo nada de por medio, pero aún así una sonrisa algo conformista se asomaba por mi rostro, mientras que mis ojos se clavaban en su sosiego y perdía la noción del tiempo, que luego me devolvería la luz del Sol.
Ella se levantaba temprano, y me abstengo de dormir, a fin de seguir tratándola. No puedo aceptar el rechazo, no porque tenga esperanzas, sino porque ella está incrustada en mi pecho, y no tengo poder para sacarla de ahí. Salimos a comprar cosas para el desayuno, incluyendo una cajetilla. Ella me enseña una receta, yo le enseño lo mucho que me encanta, pero un gracias y ganas de fumar es lo único que recibo a cambio. Hay un gran Sol allá afuera, pero estoy temblando. Finalmente ella se va, y yo empiezo a lagrimear, a cantar, a fumar, o cualquier otra cosa que sirviese para la ocasión.
25 de Noviembre
Mañana viajaré a mi ciudad natal, todo ha pasado demasiado rápido. Estaré un mes y medio allá y siento que dejo demasiadas cosas pendientes, oportunidades que no volverán, personas que me hacían mantenerme de pie, el cigarro pues mi familia es muy estricta con los vicios... pero no hay vuelta atrás. Mañana veré a Miriana, después de eso, la próxima vez que la vea no será más que una amiga para mí, lo presiento, es lo que quiero creer esta vez, es lo que necesito hacer.
26 de Noviembre
Acompañé a Miriana al centro de la ciudad, necesitaba hacer un tramite, y a expensas de perder horas de sueño, decidí acompañarle y pasar mi último rato de quererla a escondidas, de regalarle sonrisas que luego entenderá no estaban para nadie más. Después de un rato, caminamos por las calles más concurridas y antiguas, comimos en una panadería con estilo francés o algo similar, y antes de llegar al metro, le hablé del diario, de como jamás he podido ser honesto del todo con ella, como al leerlo me entenderá un poco mejor, también me gustaría una segunda opinión para saber si realmente transmite algo o si sólo soy un charlatán, que mejor que saberlo de ella. Pronto le daré una copia.
27 de Noviembre
He llegado a "casa". Me acogieron con problemas, malas vibras, silencios incómodos, ni siquiera buena comida, será una temporada algo terrible.
28 de Noviembre
Hoy vi a Laura. Fui a buscarle a su trabajo, cerca de ahí estaba la cafetería donde nos habíamos conocido y terminamos tomando ese café tan terrible, pero tan nostálgico. Ella no hablaba mucho, ayer decía que debía contarme algo y ahora que estábamos frente a frente las palabras no llegaban a los labios, sólo el viento apenas notorio de un ventilador, que rechina y llena los silencios con eternidad. No podía seguir así y pregunté que era lo que me tenía que decir. Su cara se tornó depresiva, mientras me contaba que había salido con su ex novio y el se enteró de que uno de sus amigos estaba interesado en ella. Habían peleado y ella se sentía culpable, yo no dudé en contradecir su tristeza, aunque no hay poder de convencimiento en un hombre despechado.
Salimos y nos dirigimos hacia la terraza de la plaza central, donde hace casi dos años nos habíamos dado el primer beso y ahí las estrellas que no veía en la ciudad parecían bajar a contemplar el drama que se festejaba en nuestros corazones. Hablamos un poco de lo banal, de trivialidades, de recuerdos, el pasado que se escapó y de tantos arrepentimientos de mi parte por no haber disfrutado del todo su compañía. Intenté besarla, pero me esquivó con gran incomodidad, y una mirada reprimida, le abracé y le dije que la amaba, y ella solo respondió que ella no podía decirme lo mismo, que yo debería dejar de decirlo también. Pero no hice caso, y lo dije diez veces más, quizás veinte, y mientras lo hacía la abrazaba y me daba el lujo de besar su mejilla derecha y su cuello, y entonces al segundo beso que lancé a su boca, ella no se movió y correspondió a mis labios, y después de casi un minuto acercó su boca a mi oído y me dijo "te amo". Entonces me sentí frío, jodido, porque no fue amor lo que me obsequió, más bien un adiós, un premio de consolación o quizás el más absurdo sentido de compasión a un muerto que nunca más volverá a querer.
La abracé de nuevo, y no la solté a fin de ocultar mis ojos rojos y lagrimeantes y mis manos que temblaban por tanta tragedia y ansiedad que de buenas a primeras no podía olvidar. Cuando volví a ver su rostro había culpa, un sentimiento de traición a ese pedazo de imbécil que no merece tanta ternura y sin embargo, la tenía. Le insistí que no había porque sentirse así, que yo no le había dejado opción, que era mi culpa, y ella me calló y dijo: No, yo tengo la culpa... yo quería hacerlo. No está siendo fácil tampoco para mí. Otro abrazo, más silencio, más estrellas, una brisa fría que envuelve pero no penetra en los pulmones ya helados sin la chispa que hacía un par de minutos aun se mantenía. Hoy vi a Laura... y le dije adiós.
9 de Noviembre
Madrugo para ir a una entrevista. Esta es especial. Es de mi carrera. Después de tres horas de camino hasta la planta (lo cual de por si ya era desalentador), me tope con un reclutador gris, simple, hablándome de esclavitud disfrazada de oportunidades. No soy sólo yo, realmente el horario de trabajo apestaba y el salario era menor que el de un vendedor que apenas y acabó la secundaria. Saliendo, me fui a otra, justamente de vendedor. Me encontré con otras treinta personas en busca de un puesto para la empresa, y con reclutadores dinámicos que sabían leer a la gente a traves de su individualidad. Quizás fue por eso que quedé para el proceso de capacitación.
Nota: Me perdí de camino a la segunda entrevista, y al ubicarme, vi a una joven de vestido rojo, con un caminar elegante, y una espalda que terminaba hipnotizando a los peatones masculinos. Durante el tramo hacia aquel edificio, me empeñé a acelerar el paso a fin de poder ver su rostro, y justo una cuadra antes del destino la vi: No quedé decepcionado. Lo curioso es que después de que me registrase en recepción, la vi entrando y registrándose también. Ahí estaba frente a mí, en la sala de espera. El silencio era necesario. Para mi sorpresa, ella también pasó a la siguiente etapa, y me vi caminando el mismo trayecto de antes, esta vez de regreso y con la diferencia de que caminaba a su lado, halábamos, reíamos, jugábamos. La acompañé hasta su transporte y al despedirme le pedí su teléfono, a lo cual ella aceptó. No pienso volver a verla, pero fue divertido mientras duró.
10 de Noviembre
La capacitación ha durado diez horas, más la hora que me perdí buscando el camino a casa. No siento las piernas y apenas puedo abrir los ojos.
11 de Noviembre
Me quedé dormido. Estoy fuera. He hablado un poco con Laura, sobre alejarnos un tiempo, sobre lo que siento que es correcto. Ella me cree incorrecto pero no me ha detenido. En este punto no se si es cuestión de orgullo o de un amor incomprendido.
12 de Noviembre
He visto a Miriana. Le acaban de robar el bolso, y yo ya no encuentro palabras para consolar la desgracia en ella. Trato de hacerla olvidar un momento el trago amargo y la invito al cine. La función tardó un par de horas para empezar, por lo que aproveché para preguntarle por su situación con "G". Al parecer no están juntos como antes, sino mas bien juegan a conocerse, a cambiar, al empezar de cero y yo no lo entiendo. Hace mucho que no estoy en una situación o quizás nunca lo he estado ni lo estaré.
14 de Noviembre
Llamadas entrecortadas con Laura, pláticas banales, no más cariños. Si, mi amor está agonizando. Hablo con ella y se entretiene haciendo mil y un cosas que me dejan colgado. Veo la hora y es media noche, así que le pregunto si no irá a dormir. Dice no tener sueño y entonces empiezan las preguntas, la indagación sobre la distancia, sus sentimientos, y ella dice no estar segura, que no entiende como se distrae tan seguido. Yo lo entiendo, he estado en esa situación, donde tratas de no pensar en el problema, en el punto final, en el buena suerte y hasta luego. Y entonces las preguntas dan frutos, y los frutos están secos, marchitos, acompañados de un sabor de desaliento por los tiempos venideros. Pido consejo a su boca, pero no parece querer buscar alguno. Entonces dejo de retrasar lo inminente y solicito el adiós, uno que durase hasta que me necesitase, que me dejase de querer y que preferentemente, yo también la dejara de querer.
Adiós.
15 de Noviembre
He salido con Carlos y Alfredo a cenar en uno de esos restaurantes de tres b's. Sirve para despejarme un poco de tantas ideas adversas e inmejorables en soledad. A decir verdad, los tres siempre tenemos algún problema, Carlos inventado como complicar las cosas con Bianca en su afán de perfiles idealistas, Alfredo con el rezago de su amor hacia Silvia. Comida para los imposibles.
17 de Noviembre
He mandado a calibrar mi guitarra. En un par de días ensayare con Alfredo y un par de amigos, esperando tener algo de alivio de la monotonía.
Carlos ha salido de viaje para ver a su familia, hay más silencio.
19 de Noviembre
El sueño llegó muy tarde y la música demasiado temprano, y así con ojeras un intento de ritmo se mezclaba con una melodía disonante, creando un pequeño fiasco, como los que tenía en la preparatoria. Entiendo que es la primera vez, que estoy oxidado, pero creí que podía esperar más.
20 de Noviembre
Después del ensayo del día anterior, Miriana llamó para venir a la casa. Había alcohol y comida, así como buen ambiente, aunque no podía evitar el nerviosismo de tener a Miriana cerca. Por alguna razón, mi corazón se sentía libre de amarla, sin miedos, sin ataduras, pero no así todo lo demás en mí, que se mostraba retraído al contacto directo. El alcohol ayudó, por lo menos hasta que el whiskey y el vodka se terminaron, dejando en mis manos lidiar con una Miriana que apenas se sostenía de pie, bailaba para dar un paso adelante, y se recostaba en el suelo, el cual jamás había sido tan cómodo como en ese momento.
Después de que Alfredo se aislase a sus apocentos, acompañé a Miriana al cuarto de Carlos, y a expensas de todos los contras que pude haber encontrado, el pro predominante (el alcohol) me hizo acostarme al lado suyo. Jugamos un poco, ella divagaba y decía sin sentidos, y yo reía y propiciaba su risa, acariciaba sus rizos para calmar su desatino, y me permitía velar por su bienestar. En algún punto y dadas las circunstancias de su razón, se deshizo del brasier y volvió a acostarse al lado mío. No dudo que mi cara se haya puesto roja en ese momento y aunque el morbo se quería apoderar de mi vista, me mantuve al margen de su rostro inocente de toda perversión.
Sin embargo, he de admitir que el alcohol no es buen consejero (Alfredo es un gran ejemplo de ello), y entonces las palabras se fugaron de mi boca hacia sus oídos apenas conscientes, y las recibieron con gran atención del divagar de sus pensamientos. Sin embargo, por cada palabra que se esfumaba, así también mi pecho se desarmaba con sus respuestas gentiles pero indeseables para mis adentros. Las horas pasaron, y el sueño terminó por abatir sus ojos, pero no del todo su boca, y así como buen idiota, rocé mis labios con los suyos, pero entonces lo noté: ella ya estaba dormida. No fue un beso, no hubo nada de por medio, pero aún así una sonrisa algo conformista se asomaba por mi rostro, mientras que mis ojos se clavaban en su sosiego y perdía la noción del tiempo, que luego me devolvería la luz del Sol.
Ella se levantaba temprano, y me abstengo de dormir, a fin de seguir tratándola. No puedo aceptar el rechazo, no porque tenga esperanzas, sino porque ella está incrustada en mi pecho, y no tengo poder para sacarla de ahí. Salimos a comprar cosas para el desayuno, incluyendo una cajetilla. Ella me enseña una receta, yo le enseño lo mucho que me encanta, pero un gracias y ganas de fumar es lo único que recibo a cambio. Hay un gran Sol allá afuera, pero estoy temblando. Finalmente ella se va, y yo empiezo a lagrimear, a cantar, a fumar, o cualquier otra cosa que sirviese para la ocasión.
25 de Noviembre
Mañana viajaré a mi ciudad natal, todo ha pasado demasiado rápido. Estaré un mes y medio allá y siento que dejo demasiadas cosas pendientes, oportunidades que no volverán, personas que me hacían mantenerme de pie, el cigarro pues mi familia es muy estricta con los vicios... pero no hay vuelta atrás. Mañana veré a Miriana, después de eso, la próxima vez que la vea no será más que una amiga para mí, lo presiento, es lo que quiero creer esta vez, es lo que necesito hacer.
26 de Noviembre
Acompañé a Miriana al centro de la ciudad, necesitaba hacer un tramite, y a expensas de perder horas de sueño, decidí acompañarle y pasar mi último rato de quererla a escondidas, de regalarle sonrisas que luego entenderá no estaban para nadie más. Después de un rato, caminamos por las calles más concurridas y antiguas, comimos en una panadería con estilo francés o algo similar, y antes de llegar al metro, le hablé del diario, de como jamás he podido ser honesto del todo con ella, como al leerlo me entenderá un poco mejor, también me gustaría una segunda opinión para saber si realmente transmite algo o si sólo soy un charlatán, que mejor que saberlo de ella. Pronto le daré una copia.
27 de Noviembre
He llegado a "casa". Me acogieron con problemas, malas vibras, silencios incómodos, ni siquiera buena comida, será una temporada algo terrible.
28 de Noviembre
Hoy vi a Laura. Fui a buscarle a su trabajo, cerca de ahí estaba la cafetería donde nos habíamos conocido y terminamos tomando ese café tan terrible, pero tan nostálgico. Ella no hablaba mucho, ayer decía que debía contarme algo y ahora que estábamos frente a frente las palabras no llegaban a los labios, sólo el viento apenas notorio de un ventilador, que rechina y llena los silencios con eternidad. No podía seguir así y pregunté que era lo que me tenía que decir. Su cara se tornó depresiva, mientras me contaba que había salido con su ex novio y el se enteró de que uno de sus amigos estaba interesado en ella. Habían peleado y ella se sentía culpable, yo no dudé en contradecir su tristeza, aunque no hay poder de convencimiento en un hombre despechado.
Salimos y nos dirigimos hacia la terraza de la plaza central, donde hace casi dos años nos habíamos dado el primer beso y ahí las estrellas que no veía en la ciudad parecían bajar a contemplar el drama que se festejaba en nuestros corazones. Hablamos un poco de lo banal, de trivialidades, de recuerdos, el pasado que se escapó y de tantos arrepentimientos de mi parte por no haber disfrutado del todo su compañía. Intenté besarla, pero me esquivó con gran incomodidad, y una mirada reprimida, le abracé y le dije que la amaba, y ella solo respondió que ella no podía decirme lo mismo, que yo debería dejar de decirlo también. Pero no hice caso, y lo dije diez veces más, quizás veinte, y mientras lo hacía la abrazaba y me daba el lujo de besar su mejilla derecha y su cuello, y entonces al segundo beso que lancé a su boca, ella no se movió y correspondió a mis labios, y después de casi un minuto acercó su boca a mi oído y me dijo "te amo". Entonces me sentí frío, jodido, porque no fue amor lo que me obsequió, más bien un adiós, un premio de consolación o quizás el más absurdo sentido de compasión a un muerto que nunca más volverá a querer.
La abracé de nuevo, y no la solté a fin de ocultar mis ojos rojos y lagrimeantes y mis manos que temblaban por tanta tragedia y ansiedad que de buenas a primeras no podía olvidar. Cuando volví a ver su rostro había culpa, un sentimiento de traición a ese pedazo de imbécil que no merece tanta ternura y sin embargo, la tenía. Le insistí que no había porque sentirse así, que yo no le había dejado opción, que era mi culpa, y ella me calló y dijo: No, yo tengo la culpa... yo quería hacerlo. No está siendo fácil tampoco para mí. Otro abrazo, más silencio, más estrellas, una brisa fría que envuelve pero no penetra en los pulmones ya helados sin la chispa que hacía un par de minutos aun se mantenía. Hoy vi a Laura... y le dije adiós.
miércoles, 12 de octubre de 2016
Ensayo 32
1 de Octubre
Le he hablado a Miriana, no lo he podido evitar. La sangre aun me hierve, pero ella se muestra fuerte, siempre lo hace. Aun si es una sonrisa fragil la que tiene, la lleva consigo siempre, entiende que el mundo no esta interesado en tus problemas, y que el desánimo no abre ninguna puerta. Me gustaría tener una voluntad tan grande como la suya.
2 de Octubre
Alfredo ha tenido una discusión con Silvia. Estaban en un bar y la conversación fluía con la comodidad de siempre, pero llegó un tercero. Veran, Silvia es una chica peculiar, incluso en estos tiempos. Ama la libertad, y la libertad parece amarla tambien, pues siempre ha corrido con suerte de salir ilesa de situaciones desfavorables. Es una libertad engañosa, esclava de sus problemas, siempre huye en busca de placeres hedonistas y poco perdurables. "Si algo no termina, sólo se contamina" parece una manera de entenderlo. Y he ahí un hombre que había visto un par de veces, sentándose en la mesa y acabando con el ambiente que se tenía. Puede que hayan sido las cervezas, pero Alfredo no pudo tolerarlo y se excusó para salir lo antes posible de ahí. Silvia lo siguió y discutieron un tiempo. El resultado final fue un contrato que llevaba por título "solo amigos".
Eran ya las dos de la mañana cuando llegó a casa, pero eso no me impidió escuchar como con su voz atontada relataba los hechos que le acontecieron. Relataba y se desquebrajaba, hasta que por fin, las lágrimas empezaron a brotar de su rostro, y en un abrazo pude sentir su fragilidad, esa que rara vez decide sacar. Fue una noche larga.
4 de Octubre
Habíamos estado esperando un concierto durante meses, y el día había llegado. Debido al tipo de música, Alfredo y yo habíamos decidido que ese día era indicado para "ver más allá del escenario" y así, faltando dos horas para la presentación, consumimos aquello y nos dedicamos a esperar.
Habíamos conseguido un buen lugar al frente del escenario, pero el aire de repente empezó a faltarme, mis pulmones parecías compactarse, y lamentándolo un tanto, me alejé de Alfredo y Carlos, rumbo a un lugar tranquilo, donde poder sentarme, donde disfrutar del show. Recuerdo que el camino hacia allá me pareció eterno. Choqué con centenares de personas e incluso pude haber aplastado a un par. Algún hombre por ahi se compadeció de mí y me tomó del brazo hasta dejarme tirado en algún lugar que en ningún momento reconocí.
Recuerdo haber visto una pareja a lado mío, mis zapatos, un puesto de comida a un costado, y una multitud aglomerándose en frente de un escenario aun vacío. Después de eso, nada. Definitivamente nada. Nada existencial, nada visual, solo un amarillo sucio que reinaba en esa dimensión que siempre estuvo oculta para mí. La gente ya no era visible ni audible, el bullicio se había escabullido desde hacía minutos y no me había percatado.
En algún punto se me ocurrió ver mis manos, pero al tratar de alzarlas, nada, no había nada frente a mí. Intenté concentrarme para escuchar la música, pensé que tenía control de esta nueva realidad, pero no era así. Lo que empecé a escuchar fueron recuerdos de ese mismo día, al que vendía cerveza en la fila, la conversación de la hora indicada para consumir aquello, a Laura diciendome "deja de consumir esas cosas" y yo respondiéndole con plena confianza "no pasará nada, estaré bien". Me arrepentía. Quizás eso fue lo más cercano a un pensamiento.
Perdí la noción de la realidad. Si alguna vez me pregunté como se sentiría la verdadera locura, sabía que esta era mi respuesta, un lugar donde nada tiene sentido, que no hay razón para seguir pensando que hay algo verídico. Hacer lo que se te de la gana (no necesariamente lo que quieras) sin recibir una represalia a cambio. También así se puede sentir el paraíso o el infierno. La eternidad empezó a darme escalofríos, a invadirme, y temí por un instante ahogarme para no volver nunca a lo que tuve antes.
Empecé a sentir calor, quería quitarme la chamarra, pero sabía que si lo hacía no la volvería a ver, así que soporté aquello. Recordé que traía cigarrillos, así que saqué uno. No estoy seguro como fui capaz de encenderlo sin quemarme, sentí que era algo que podía llamar mío aunque bien pudo haber sido sólo el hábito. Al empezar a fumar, volteé hacia el tabaco, y ahí estaba, flotando pues mi mano era imperceptible a mis ojos. Aquel cigarro duró más que cualquier otro, pero en lugar de disfrutar aquello, solo recalcaba mi falta de noción sobre el tiempo.
Las frases fluían y hacían eco, distorsionándose cada vez más, dejando una estela de bullicio. Miré a lo que debía ser el techo, y en su lugar, se tejía una red de colores rojos, amarillos, azules, y luz, una luz cegadora que terminaba por consumir todo. Al voltear abajo nuevamente, logré por fin ver el escenario, pero no era el mismo, estaba viendo lo que pensé que tenía que ver.
Al tratar de escuchar la música empecé a notar notas que me parecían familiares, y justo cuando parecían dar comienzo a algo, una vibración se apoderaba de mis oídos y retumbaban sin orden ni sentido. Seguí esforzándome, y empecé a escuchar todo menos lo que debía. Había tambores, un maldito didjeridu, y de repente silencio, ahora se abría un telón frente a mí, solo para mí. Las butacas estaban vacías, inclusive en el segundo piso, hasta la tarima estaba vacía, ocupada únicamente por los instrumentos de una orquesta, que tocaban una canción donde resaltaban violines, trompetas, y el contrabajo marcando un ritmo imposible de recordar. Ahí apareció una pareja sin rostros bailando con plena belleza, cada vez alejándose más de mi lugar, mientras que la luz los seguía y así todo se desvaneció una vez mas.
Algo me despertó. Una canción, justo la que venía a escuchar "Dreamers, they never learn". Fue ahí que recordé. Habíamos establecido un punto de encuentro, que se ubicaba a la salida del escenario. No recordaba con exactitud como era, pero recuerdo que a la entrada de los baños a un costado contaba con paredes rojas, así que traté de visualizar paredes rojas y aparecieron. Logré pararme y me empecé a dirigir hacia allá, pero dudé, era demasiado conveniente imaginar dicho lugar. Frente a mí apareció una chica que parecía estar esperando algo. Sus ojos parecían topar con los míos a fin de regalarme una sonrisa, una invitación a lo prohibido en un lugar por demás inapropiado. Entendí que estaba imaginándolo, pero no sabía que tanto. "¿Qué tal si no hay nadie allí?" pensé, "¿que tiene de malo comerme a besos a una ilusión?", pero terminé por cobrar un poco de cordura. No me detuvo la moral, ni mis lazos, ni las consecuencias. Nada de eso existía en ese momento. Me detuvo el miedo.
Tomé control de mí y logre sentarme en algún lugar, el cual seguía sin reconocer. Me recosté un momento y una luz me dio en la cara. Se trataba de un hombre de tez oscura y una camisa que resaltaba, diciendome que no podía acostarme. Me levanté y pensé que eso también pudo haber sido una ilusión, que era mi subconsciente diciendome que no podía rendirme. Volví a acostarme para intentar pensar con mayor claridad, pero la lampara del hombre volvió a dar en mi cara y recibí de nuevo la misma represalia. Supuse que de verdad estaba ahí, pero no me importó y volví a acostarme, obteniendo nuevamente el mismo resultado. Entonces decidí pararme, y volví a ver aquella luz roja que parecía ser la salida.
Me dirigí hacia allá a expensas de que fuese una ilusión y aun aquella canción seguía acompañadome "A white room by a window, where the sun comes through". Por fin llegué a aquel lugar, y aquella pared roja me pareció eterna. He de admitir que incluso me perdí en el baño por un breve momento, pero logré salir y me dirigí más lejos, hacia donde creí estaba el punto de reunión. Ahí me senté y saqué otro cigarrillo. En algún punto, una mujer se me acercó y me pidió fuego, lo cual de alguna forma me trajo un poco de vuelta a la realidad (aunque en primera instancia, tenía el encendedor al revés). No pude esperar a que se acabase el cigarro y lo tiré, ya había durado demasiado.
Seguía buscando en el silencio aquellas canciones que no parecían llegar. Para ser un concierto, había mucho silencio. Me recosté un momento, y vi lo que parecía un restaurante, donde la gente comía con plenitud a pesar de estar frente a un evento tan vigoroso. No comprendía nada todavía. Mi cuerpo empezaba a reaccionar con pequeñas nauseas, pero nunca logré vomitar ni mucho menos.
Encendí otro cigarrillo y empecé a escuchar algo de la música, algo conocido. Me dirigí hacia el escenario pero un guardia me dijo que no podía pasar fumando, así que sólo arrojé el tabaco al bote de basura más cercano y seguí mi camino. Al llegar, el coro inundó mis oídos, pero no hubo respuesta, sólo que al final del coro se hizo el silencio otra vez y me retiré a lo que ya era mi lugar frente al restaurante. Ahora había un par de personas sentadas atrás de mí y me era imposible recostarme. Pensé en decirles que se fueran, pero no estaba en condiciones de nada, más que de pararme y de seguir buscando a donde es que debía llegar.
Por fin divisé aquel letrero de "Mercancía Oficial" que se supone buscaba, y encontré una barda vacía y cómoda donde recostarme. Desde ahí viví casi el resto del concierto, aun cayendo en los silencios incómodos, en las nauseas, en fumar para tratar de entrar en razón.
Veía decenas de personas pasar. No parecía importarles el concierto en lo absoluto. Quizás habían venido por una sola canción, o los habían invitado y habían terminado por aburrirse, tal ves tenían algo más importante que hacer. Había algunos, sin embargo, que resultaban bastante interesantes. Así, frente a mí, se sentó una chica de buen ver, bastante fresca en su vestimenta, con una sonrisa en su rostro y unos ojos que miraban hacia abajo, un poco apenados, un poco pacientes, pero así como apareció, se desvaneció. Aun no estoy seguro si era real. Más tarde había a una mujer con los ojos rojos y húmedos, que llamaba a su exnovio para decirle "esta canción me recordó a ti", y sonreía, sufría, pero parecía sentir felicidad, al menos eso fue lo que me pareció ver. Tenía la impresión que si me concentraba lo suficiente, podía escuchar conversaciones lejanas, algun sonido en especial, pero igual y pudo haber sido solo uno de los efectos.
Horas pasaron sin aviso, y la gente empezaba a salir por centenares. De repente, logré escuchar una canción, era la canción de cierre, lo que los llevó a la fama, lo que me hizo conocerlos. Mi cuerpo reaccionó por inercia; me levanté dando un salto y sin meter las manos y salí corriendo hacia el escenario, donde había aun más gente que antes, todos coreando cada palabra de aquel músico. Empezó a incomodarme el hecho de no poderlo escuchar por la voz de todos, pero de pronto comprendí algo. Aquella canción habla de ser diferente, de no pertenecer a este mundo, pero a pesar de ello, todos la sentían, todos ahí habían pasado por algo similar, y en su soledad lograron compartir ese momento. Yo ya no estaba solo. Una lágrima se escurrió por mi mejilla y me mantuve ahí por el resto de la canción, con una sonrisa imborrable.
Regresé al área de Mercancía con calma, y desde ahí ví los rostros que estaban dentro. La mayoría serenos como si no hubieran entendido ni una sola palabra de lo que se dijo dentro (lo cual realmente es muy probable, considerando que estaba en inglés). Reconocí a dos personas entre la multitud, era Carlos y Alfredo. Alfredo llegó extaciado, alardeando de como la música se sintió hasta la médula y de algunos colores en las luces, mientras que Carlos lucía cansado pero animado de haber estado a dos metros del guitarrista, a expensas de ser aplastado por la muchedumbre. Yo temblaba y callé a Alfredo que gritaba cerca de mi rostro y me hacía sentir asfixiado. Empecé a relatar a como pude lo que había pasado, y cuando mencioné lo de la canción final y dije "supe que ya no estaba solo", me encontré llorando como un niño y llevando mis manos a mi rostro, siendo de inmedato abrazado por mis amigos. No termino de comprender porque. Hacía años que no lloraba tan sinceramente, tan libre, tan merecidamente.
Estuvimos sentados un rato ahí, me dieron tiempo de recuperarme, y yo no podía pararde hablar sobre todo lo que significó para mi aquello. No me arrepentía, aunque declaré que nunca volvería a consumir aquello. Finalmente, tomamos un taxi y nos dirigimos a la casa, aunque a medio camino, el aire empezó a faltarme y tuve que pedir que pararamos. Salí lo más rápido que podía hacia la calle y respiré lo más que podía. Las palabras de Carlos y Alfredo seguían ahogandome, y me fue mejor irme al frente, disminuyendo mi malestar considerablemente.
Al bajar, apenas podía caminar. Tuvieron que apoyarme para caminar y en el segundo peso no pude continuar. Me tiré al suelo, incapaz de dar un paso más. Seguí hablando de lo que había pasado, de que me di cuenta de un par de cosas, y al irlas declarando, volví a llorar, más que antes, con más razón. Tenía miedo de estar solo, no solo este día, sino todos. Cada momento que me encontraba solo era un martirio, pero siempre lo callaba porque a nadie le interesa algo tan banal, porque todos tienen problemas más grandes y necesitan que los escuche. Esa era mi tarea, escuchar, ser la fortaleza que les hace falta en sus peores momentos. La fortaleza ya no estaba más, solo había un idiota sacando todos sus errores y miedos a relucir. Facilmente, pasó una hora ahí, hasta que finalmente, fui capaz de caminar el resto del recorrido hacia el departamento. Ya dentro, me invitaron de cenar y algo de tomar, pero a pesar de estas deshidratado, me era imposible sentir sed. Mi corazón seguía palpitando anormalmente y no podía cerrar el pico.
Carlos se fue primero a dormir, y cuando creí que Alfredo haría lo mismo, pregunté si podía acompañarlo un rato más. Tenía miedo de estar solo aun, y el lo comprendió. Las cuatro de la mañana llegaron rápidamente y temí era mi tiempo de despedirme. Tomé al gato y lo llevé a mi habitación para que durmiese a mi lado. Aun en la cama, mi cuerpo seguía temblando, y una sonrisa insana se asomaba en mi rostro, pero el cansancio venció al final.
5 de Octubre
Le he contado a Laura de aquella experiencia y como en cierto punto la recordé. Ella es muy sencilla, sólo dijo "por lo menos que te sirva de experiencia". Vale, eso resume muchas cosas, creo que no contempla el hecho de que me ayudó a sentirme mejor como individuo, pero igual no es como que esperase que lo entendiera. Nadie podría mas quien hubiese pasado por una situación similar.
6 de Octubre
En terapia, me la pasé hablando sobre mi viaje nuevamente. Ella tampoco entendió.
7 de Octubre
Miriana me habló para salir. Casi de inmediato me bañé y tomé un taxi lo más rapido que pude. Me recibió con su típica sonrisa, como si sus penas no hubiesen existido jamás, pero esta vez no me causó admiración como antes, sino tristeza. Tomamos un camión hacia un parque bastante agradable, aunque el viaje en sí no lo fue.
En algun momento recuerdo haberle dicho "sabes, siento que te guardas muchas cosas, no permites que te vean decaer". Sinceramente no pude prestar mucha atención a su respuesta, estaba muy mareado por el camión. Lo que sí recuerdo fue escucharle hablar de "G" y como él quería que fueran amigos por lo menos, mientras que ella prefería tener su tiempo para pensar. Tomamos un chocolate caliente en uno de tantos locales en las cercanías, el lugar era cálido y Miriana se quitó la chamarra. Noté que había bajado algo de peso e hice tema de conversación al respecto.
Salimos de ahí y vagamos por los alrededores. Después, llegamos a un bar en las cercanías y después de un par de cervezas, nos quedamos en el parque platicando de la vida, del amor y otras cosas burdas. Por fín, la acompañé a su casa e incluso le invité a comer al día siguiente pero declinó mi oferta. Fue un día agradable, pero no como antes.
9 de Octubre
5 de Octubre
Le he contado a Laura de aquella experiencia y como en cierto punto la recordé. Ella es muy sencilla, sólo dijo "por lo menos que te sirva de experiencia". Vale, eso resume muchas cosas, creo que no contempla el hecho de que me ayudó a sentirme mejor como individuo, pero igual no es como que esperase que lo entendiera. Nadie podría mas quien hubiese pasado por una situación similar.
6 de Octubre
En terapia, me la pasé hablando sobre mi viaje nuevamente. Ella tampoco entendió.
7 de Octubre
Miriana me habló para salir. Casi de inmediato me bañé y tomé un taxi lo más rapido que pude. Me recibió con su típica sonrisa, como si sus penas no hubiesen existido jamás, pero esta vez no me causó admiración como antes, sino tristeza. Tomamos un camión hacia un parque bastante agradable, aunque el viaje en sí no lo fue.
En algun momento recuerdo haberle dicho "sabes, siento que te guardas muchas cosas, no permites que te vean decaer". Sinceramente no pude prestar mucha atención a su respuesta, estaba muy mareado por el camión. Lo que sí recuerdo fue escucharle hablar de "G" y como él quería que fueran amigos por lo menos, mientras que ella prefería tener su tiempo para pensar. Tomamos un chocolate caliente en uno de tantos locales en las cercanías, el lugar era cálido y Miriana se quitó la chamarra. Noté que había bajado algo de peso e hice tema de conversación al respecto.
Salimos de ahí y vagamos por los alrededores. Después, llegamos a un bar en las cercanías y después de un par de cervezas, nos quedamos en el parque platicando de la vida, del amor y otras cosas burdas. Por fín, la acompañé a su casa e incluso le invité a comer al día siguiente pero declinó mi oferta. Fue un día agradable, pero no como antes.
9 de Octubre
Laura se enteró de lo que pasó aquel día en el bosque. Su reacción fue entendible y dolorosa, y aunque expliqué todo lo que podía sus palabras fueron pocas pero penetrantes: "Veo que tu definición de especial es diferente a la mía, no quiero hablar más". No pude hacer nada al respecto, no estaba en la posición de hacer algo, mas que aceptar su decisión. "Cuando gustes hablar, aquí estaré". No entiendo porque no había podido decírselo, no entiendo como deje que las cosas llegaran a eso. Me siento roto.
10 de Octubre
Encontré un curso que podría tomar para tener mejores oportunidades de trabajo. Creo que tomaré ese camino de momento.
Hacía mucho que no me sentía así de solo. Lo lamento.
11 de Octubre
Hace un par de meses había conocido a una chica, Fabiola. Demasiado inmadura para mi gusto, además que vivía a dos horas de distancia, lo que hacía que no pudiera haber un contacto continuo. Sin embargo, me dio por hablarle hoy, quizás la soledad... Respondió agradable, y así de repentino, me invitó a salir al centro de la ciudad.
Ahí la vi, la noté más agradable que otras veces... quizás la soledad... Caminamos sin rumbo y llegamos de mera casualidad a un museo. A pesar de que había un silencio incómodo, de repente lo interrumpían las risas. Al salir llovía, y yo no venía suficientemente abrigado, pero no importó mucho y sintiendo la lluvia sobre mi cabeza continuamos caminando. Recuerdo que me empujó para que pasase por un chorro de agua, pero no me importó en lo absoluto... quizás la soledad...
Llegamos después de un rato a un café y yo fumaba y preguntaba sobre su vida, y ella se abría conmigo... quizás la soledad... Contrastando, compramos más tarde unos helados. Empezó a atacarme con su helado, y al final terminé tirando el mío y devorando el suyo. Fue desesperante, pero me divertí. Entonces le robé un beso, pero ella no reaccionó. Pregunté si le había molestado, ella dijo "no sabes robar besos", y así entonces le robé otro, un beso terrible, vacío, un beso al aire, pero no me importó tanto en realidad... quizás la soledad...
Caminamos por la Alameda, y el frío de la noche nos consumía, lo cual fue razón suficiente para abrazarnos en el camino, aunque yo seguía temblando. Llegamos entonces a un monumento y entre sus vistas nos sentamos, como si ese fuese el lugar que buscabamos. Ahí fue donde me plantó aquella vez... ahí yo le plantaba besos en sus labios torpes. A diferencia de otras veces, no dije nada comprometedor. No quería una pareja, no quería amor... quizás la soledad... Nos despedimos entonces.
Por mera cortesía, llamé para asegurarme que había llegado bien a su casa. Ella respondió y la llamada se alargó minutos, horas... y entonces un te quiero se escapó de su boca. Sentí muchos nervios pero de mi boca se escurrió un "yo igual te quiero". De repente, después de cada frase venía un te quiero, y cada vez se sentía más cómodo, más ajeno. Me pregunto que si que eramos... y nuevamente las palabras salieron "quisiera que fueras mi novia"... quizás la soledad...
Sin embargo ella me dió tres días para arrepentirme.
12 de Octubre
Cerré terapia con alegría, con una felicidad indescriptible. No sólo había encontrado como dar mi siguiente paso, sino que no tenía porque darlo solo. El camino a casa, me la pasé cantando aquella canción que le mostré alguna vez. Tenía ahora un significado. Casi al instante de llegar a casa, Fabiola me habló, contandome lo feliz que se sentía y así también le contesté. Me contó que le alegraba que fuese honesto con ella, que para ella la honestidad era lo más importante en una relación y yo asentía sin rechistar. La plática duró horas, y me ayudó para conocerla un poco más... y más... hasta que la soledad no fue suficiente. Esa noche me arrepentí. Aun así quedé de verla el sabado, como si una salida más me pudiese hacer cambiar de opinión.
Más tarde, esa noche, Laura me habló. Llevaba un par de copas encima, pero la traté con preocupación, con delicadez y cariño y eso lo sintió. La conversación fue agradable.
13 de Octubre
A la mañana siguiente, Laura me habló nuevamente. Me dijo que la razón por la que había llamado anteriormente era para decirme que no quería saber más de mí, pero mis palabras la hicieron cambiar de opinión. Me extrañaba y yo a ella. Le conté lo que pasó con Fabiola, esta vez no quería guardarle el secreto y ella pareció tomarlo bien (tan bien como se pueden tomar ese tipo de declaraciones).
Mi relación con Laura es algo especial. Somos dos rotos que se sienten menos mal teniéndose. Todo entre ella y yo volvió a la normalidad y si bien empezaba a volver a mí la paz, había cabos sueltos aun que no me dejarían dormir.
14 de Octubre
Había quedado de ver a Fabiola a la una de la tarde. Llegó dos horas después, mientras que yo esperaba en aquel parque que lentamente se tragaba la tierra. La idea de ir ahí era para que conociese a sus amigos, pero para cuando ella llegó, toda mi simpatía se había esfumado y tardé dos cigarrillos en acompañarle donde estaban los demás.
Fue una incomodidad tras otra, al punto que me sentí mal de hacerle pasar un día tan amargo, pero ella se mantenía tranquila... quizás su soledad... Más tarde vimos una pelicula y justo cuando se iba, me pregunto como me la había pasado, lo cual hubiera preferido no contestar. En ese momento, dejé en claro que no podía ser más que un amigo para ella.
-No quería lastimarte, no quería tampoco jugar contigo, pero esto es lo que de verdad siento.
-Descuida, no me lastimaste, me alegro que hayas sido sincero. Bueno, adios. -Decía mientras corría hacia el transporte y se escondía entre la multitud. Ahí comprendí que ella nunca fue sincera conmigo... quizas la soledad...
15 de Octubre
Hablé con mi madre el día de hoy. Está pasando por dificultades económicas y no podrá apoyarme con el curso había visto. Es mi señal para buscar un trabajo. Cualquiera.
17 de Octubre
Alfredo me ha avisado que Miriana volvió con "G". No me sorprende, lo veía venir.
18 de Octubre
Fabiola me habla continuamente, al punto que he tenido que ponerle horarios para que no me colme. Es una persona muy solitaria, sin gente en quien pueda confiar, al punto que yo soy la mejor opción... me metí en algo complicado, pero quizás es muy tarde para salir.
19 de Octubre
Un amigo de Alfredo murió. Hace apenas un mes le habían diagnosticado leucemia. Todo fue muy rapido. Cuando le pregunte como se sentía, el respondió "Siento coraje, siento que se dejó morir, el estaba bien hace unos días". Presiento dentro de mí que lo dice para sí mismo, pues estaban en circunstancias similares. Alfredo no se dejaría morir, el quiere seguir viviendo, pero no entiende que él tiene razones para hacerlo, y que no así todos las poseen. Hoy ira a la misa.
20 de Octubre
Alfredo llegó en la madrugada. A pesar de no haber un horario de término para quedarse, el sentía que tenía que seguir ahí. Estaba preocupado, como si la muerte le hubiese hablado y en cierto modo, creo que él se quiso comunicar con ella, pues fumó más de una cajetilla ayer. Hoy fue al doctor por el doctor de garganta. Le prohibieron fumar.
En la noche, hablaba con Laura y durante la plática, se me salió mencionar a Fabiola. Hablé plenamente de ella, pues no tenía nada que ocultar. Laura calló y después de un rato sólo dijo mi nombre y "no quiero saber nada de ella". Después de eso se despidió.
Me siento solo. Quiero estar solo.
22 de Octubre
En la madrugada me ha dado por checar empleos, he anotado un par, los checaré al día siguiente. Laura parece volver a hablar como si nada hubiese pasado. Quizás nada pasó...
23 de Octubre
El teléfono no ha parado de sonar. Por lo menos cinco llamadas para entrevistas de trabajo. Hemos empezado bien. Debo admitir que no todas son agradables, pero su pongo que hay trabajos para todo tipo de personas, incluso para las que no comen. Empecé a ordenar mis papeles y a sacar copias de ellos que mañana empieza el show.
En la noche, cuando todos dormían, Miriana me habló. Lloraba. Se sentía sola, de esa soledad que solo cura la familia. Al igual que yo, había venido a la ciudad por las oportunidades pero no todos estamos listos para eso. Algunos en cuanto a habilidades, otros emocionalmente. Parecía una infante a quien hubiesen dejado con la abuela, pidiendo ir con su mamá entre sollozos, casi un berriche. No sabía que decir, cualquier cosa que dijese no hubiera sido suficiente para aliviar su vacío. He quedado de verla mañana y tratar de sacarla un poco de su tristeza, es lo menos que puedo hacer. La llamada duró una hora. Desahogó todas sus penas acumuladas, las que yo presentía que escondía, las que ella disimulaba sin titubear. Algo extraño fue que nunca menciono haber regresado con "G". Algo extraño ocurre ahí.
24 de Octubre
Me levanté tarde y falté a mi entrevista de trabajo. No es una buena manera de comenzar, pero lo cierto es que no pegué el ojo en toda la noche. Quizás demasiada angustia de volver a la monotonía. Llegué a donde vería a Miriana media hora antes. Aproveché y comí algo en extremo apetitoso que pudiese atentar contra su dieta. Me asomé al pasillo principal de la plaza, esperando encontrarla, y ahí estaba frente a mi, con su mirada buscándome, y nuestros ojos se encontraron dando pie a una sonrisa. Después de acompañarle a hacer un pago, compramos un helado y platicando se pasaron las horas, hasta que el Sol empezó a ocultarse, y ella se subía a un camión rumbo a casa, sin decir aun nada de "G". Quizás le da pena mencionarlo.
27 de Octubre
Una entrevista tras otra, todas terminadas en fracaso en circunstancias varias. Quizás la única que vale la pena mencionar es la de asesor inmobiliario, bienes raíces sonaba tan descabellado que parecía divertido, pero al notar la falta de prestaciones y el excesivamente bajo salario comprobé que todo es una gran mentira, un juego para dejar a todos envueltos en una desagradable telaraña. Y la araña tiene seis patas y quiere dos más, sin importar a quien deba robárselas.
10 de Octubre
Encontré un curso que podría tomar para tener mejores oportunidades de trabajo. Creo que tomaré ese camino de momento.
Hacía mucho que no me sentía así de solo. Lo lamento.
11 de Octubre
Hace un par de meses había conocido a una chica, Fabiola. Demasiado inmadura para mi gusto, además que vivía a dos horas de distancia, lo que hacía que no pudiera haber un contacto continuo. Sin embargo, me dio por hablarle hoy, quizás la soledad... Respondió agradable, y así de repentino, me invitó a salir al centro de la ciudad.
Ahí la vi, la noté más agradable que otras veces... quizás la soledad... Caminamos sin rumbo y llegamos de mera casualidad a un museo. A pesar de que había un silencio incómodo, de repente lo interrumpían las risas. Al salir llovía, y yo no venía suficientemente abrigado, pero no importó mucho y sintiendo la lluvia sobre mi cabeza continuamos caminando. Recuerdo que me empujó para que pasase por un chorro de agua, pero no me importó en lo absoluto... quizás la soledad...
Llegamos después de un rato a un café y yo fumaba y preguntaba sobre su vida, y ella se abría conmigo... quizás la soledad... Contrastando, compramos más tarde unos helados. Empezó a atacarme con su helado, y al final terminé tirando el mío y devorando el suyo. Fue desesperante, pero me divertí. Entonces le robé un beso, pero ella no reaccionó. Pregunté si le había molestado, ella dijo "no sabes robar besos", y así entonces le robé otro, un beso terrible, vacío, un beso al aire, pero no me importó tanto en realidad... quizás la soledad...
Caminamos por la Alameda, y el frío de la noche nos consumía, lo cual fue razón suficiente para abrazarnos en el camino, aunque yo seguía temblando. Llegamos entonces a un monumento y entre sus vistas nos sentamos, como si ese fuese el lugar que buscabamos. Ahí fue donde me plantó aquella vez... ahí yo le plantaba besos en sus labios torpes. A diferencia de otras veces, no dije nada comprometedor. No quería una pareja, no quería amor... quizás la soledad... Nos despedimos entonces.
Por mera cortesía, llamé para asegurarme que había llegado bien a su casa. Ella respondió y la llamada se alargó minutos, horas... y entonces un te quiero se escapó de su boca. Sentí muchos nervios pero de mi boca se escurrió un "yo igual te quiero". De repente, después de cada frase venía un te quiero, y cada vez se sentía más cómodo, más ajeno. Me pregunto que si que eramos... y nuevamente las palabras salieron "quisiera que fueras mi novia"... quizás la soledad...
Sin embargo ella me dió tres días para arrepentirme.
12 de Octubre
Cerré terapia con alegría, con una felicidad indescriptible. No sólo había encontrado como dar mi siguiente paso, sino que no tenía porque darlo solo. El camino a casa, me la pasé cantando aquella canción que le mostré alguna vez. Tenía ahora un significado. Casi al instante de llegar a casa, Fabiola me habló, contandome lo feliz que se sentía y así también le contesté. Me contó que le alegraba que fuese honesto con ella, que para ella la honestidad era lo más importante en una relación y yo asentía sin rechistar. La plática duró horas, y me ayudó para conocerla un poco más... y más... hasta que la soledad no fue suficiente. Esa noche me arrepentí. Aun así quedé de verla el sabado, como si una salida más me pudiese hacer cambiar de opinión.
Más tarde, esa noche, Laura me habló. Llevaba un par de copas encima, pero la traté con preocupación, con delicadez y cariño y eso lo sintió. La conversación fue agradable.
13 de Octubre
A la mañana siguiente, Laura me habló nuevamente. Me dijo que la razón por la que había llamado anteriormente era para decirme que no quería saber más de mí, pero mis palabras la hicieron cambiar de opinión. Me extrañaba y yo a ella. Le conté lo que pasó con Fabiola, esta vez no quería guardarle el secreto y ella pareció tomarlo bien (tan bien como se pueden tomar ese tipo de declaraciones).
Mi relación con Laura es algo especial. Somos dos rotos que se sienten menos mal teniéndose. Todo entre ella y yo volvió a la normalidad y si bien empezaba a volver a mí la paz, había cabos sueltos aun que no me dejarían dormir.
14 de Octubre
Había quedado de ver a Fabiola a la una de la tarde. Llegó dos horas después, mientras que yo esperaba en aquel parque que lentamente se tragaba la tierra. La idea de ir ahí era para que conociese a sus amigos, pero para cuando ella llegó, toda mi simpatía se había esfumado y tardé dos cigarrillos en acompañarle donde estaban los demás.
Fue una incomodidad tras otra, al punto que me sentí mal de hacerle pasar un día tan amargo, pero ella se mantenía tranquila... quizás su soledad... Más tarde vimos una pelicula y justo cuando se iba, me pregunto como me la había pasado, lo cual hubiera preferido no contestar. En ese momento, dejé en claro que no podía ser más que un amigo para ella.
-No quería lastimarte, no quería tampoco jugar contigo, pero esto es lo que de verdad siento.
-Descuida, no me lastimaste, me alegro que hayas sido sincero. Bueno, adios. -Decía mientras corría hacia el transporte y se escondía entre la multitud. Ahí comprendí que ella nunca fue sincera conmigo... quizas la soledad...
15 de Octubre
Hablé con mi madre el día de hoy. Está pasando por dificultades económicas y no podrá apoyarme con el curso había visto. Es mi señal para buscar un trabajo. Cualquiera.
17 de Octubre
Alfredo me ha avisado que Miriana volvió con "G". No me sorprende, lo veía venir.
18 de Octubre
Fabiola me habla continuamente, al punto que he tenido que ponerle horarios para que no me colme. Es una persona muy solitaria, sin gente en quien pueda confiar, al punto que yo soy la mejor opción... me metí en algo complicado, pero quizás es muy tarde para salir.
19 de Octubre
Un amigo de Alfredo murió. Hace apenas un mes le habían diagnosticado leucemia. Todo fue muy rapido. Cuando le pregunte como se sentía, el respondió "Siento coraje, siento que se dejó morir, el estaba bien hace unos días". Presiento dentro de mí que lo dice para sí mismo, pues estaban en circunstancias similares. Alfredo no se dejaría morir, el quiere seguir viviendo, pero no entiende que él tiene razones para hacerlo, y que no así todos las poseen. Hoy ira a la misa.
20 de Octubre
Alfredo llegó en la madrugada. A pesar de no haber un horario de término para quedarse, el sentía que tenía que seguir ahí. Estaba preocupado, como si la muerte le hubiese hablado y en cierto modo, creo que él se quiso comunicar con ella, pues fumó más de una cajetilla ayer. Hoy fue al doctor por el doctor de garganta. Le prohibieron fumar.
En la noche, hablaba con Laura y durante la plática, se me salió mencionar a Fabiola. Hablé plenamente de ella, pues no tenía nada que ocultar. Laura calló y después de un rato sólo dijo mi nombre y "no quiero saber nada de ella". Después de eso se despidió.
Me siento solo. Quiero estar solo.
22 de Octubre
En la madrugada me ha dado por checar empleos, he anotado un par, los checaré al día siguiente. Laura parece volver a hablar como si nada hubiese pasado. Quizás nada pasó...
23 de Octubre
El teléfono no ha parado de sonar. Por lo menos cinco llamadas para entrevistas de trabajo. Hemos empezado bien. Debo admitir que no todas son agradables, pero su pongo que hay trabajos para todo tipo de personas, incluso para las que no comen. Empecé a ordenar mis papeles y a sacar copias de ellos que mañana empieza el show.
En la noche, cuando todos dormían, Miriana me habló. Lloraba. Se sentía sola, de esa soledad que solo cura la familia. Al igual que yo, había venido a la ciudad por las oportunidades pero no todos estamos listos para eso. Algunos en cuanto a habilidades, otros emocionalmente. Parecía una infante a quien hubiesen dejado con la abuela, pidiendo ir con su mamá entre sollozos, casi un berriche. No sabía que decir, cualquier cosa que dijese no hubiera sido suficiente para aliviar su vacío. He quedado de verla mañana y tratar de sacarla un poco de su tristeza, es lo menos que puedo hacer. La llamada duró una hora. Desahogó todas sus penas acumuladas, las que yo presentía que escondía, las que ella disimulaba sin titubear. Algo extraño fue que nunca menciono haber regresado con "G". Algo extraño ocurre ahí.
24 de Octubre
Me levanté tarde y falté a mi entrevista de trabajo. No es una buena manera de comenzar, pero lo cierto es que no pegué el ojo en toda la noche. Quizás demasiada angustia de volver a la monotonía. Llegué a donde vería a Miriana media hora antes. Aproveché y comí algo en extremo apetitoso que pudiese atentar contra su dieta. Me asomé al pasillo principal de la plaza, esperando encontrarla, y ahí estaba frente a mi, con su mirada buscándome, y nuestros ojos se encontraron dando pie a una sonrisa. Después de acompañarle a hacer un pago, compramos un helado y platicando se pasaron las horas, hasta que el Sol empezó a ocultarse, y ella se subía a un camión rumbo a casa, sin decir aun nada de "G". Quizás le da pena mencionarlo.
27 de Octubre
Una entrevista tras otra, todas terminadas en fracaso en circunstancias varias. Quizás la única que vale la pena mencionar es la de asesor inmobiliario, bienes raíces sonaba tan descabellado que parecía divertido, pero al notar la falta de prestaciones y el excesivamente bajo salario comprobé que todo es una gran mentira, un juego para dejar a todos envueltos en una desagradable telaraña. Y la araña tiene seis patas y quiere dos más, sin importar a quien deba robárselas.
29 de Octubre
Hubo una serie de eventos alrededor de la ciudad con motivo de una celebración nacional. A pesar de no conseguir acompañante a dichos, creé una práctica agenda para asistir a los más posibles. Así que a la una estaba desocupándome de mis pendientes, a las dos estaba viendo Nosferatu y a las cuatro todo se tornó agobiante.
Iba a haber un desfile de carros alegóricos en el centro de la ciudad e incluso hube planeado el mejor lugar del recorrido para apreciarlo. Sin embargo, por un breve momento olvidé lo poblada que esta ciudad, y así pues, la muchedumbre se apropió de las calles y de los primeros diez metros de distancia hacia el desfile. Caminé para llegar a un punto no tan ocupado, pero en balde. Al final, me conformé con ver aquello que sobresalía de entre la cabeza de la gente, me percaté que mi esfuerzo había sido sólo para ver cuatro malditos carros.
Luego de eso, mi intención era ver una exhibición en la explanada central, más nuevamente hice un mal calculo, el desfile iba a acabar ahí. Eso me dejó atrapado durante tres horas entre la gente, caminando a diez metros por minuto, chocando, tropezando, sudando. Siendo sincero, no pude ver nada de la exhibición, todo estaba lleno de fanáticos del absurdo. Así pues, cancelé todo de mi agenda y me dirigí a casa, a dormir. No quería nada más.
30 de Octubre
Le he hablado a Laura. La he tomado mientras se vestía para ir a una fiesta. Por las cuestiones de su trabajo, poco había salido así que de cierto modo me alegro por ella. Le deseo la pase bien y que se cuide y vuelvo a la búsqueda de empleo.
Hubo una serie de eventos alrededor de la ciudad con motivo de una celebración nacional. A pesar de no conseguir acompañante a dichos, creé una práctica agenda para asistir a los más posibles. Así que a la una estaba desocupándome de mis pendientes, a las dos estaba viendo Nosferatu y a las cuatro todo se tornó agobiante.
Iba a haber un desfile de carros alegóricos en el centro de la ciudad e incluso hube planeado el mejor lugar del recorrido para apreciarlo. Sin embargo, por un breve momento olvidé lo poblada que esta ciudad, y así pues, la muchedumbre se apropió de las calles y de los primeros diez metros de distancia hacia el desfile. Caminé para llegar a un punto no tan ocupado, pero en balde. Al final, me conformé con ver aquello que sobresalía de entre la cabeza de la gente, me percaté que mi esfuerzo había sido sólo para ver cuatro malditos carros.
Luego de eso, mi intención era ver una exhibición en la explanada central, más nuevamente hice un mal calculo, el desfile iba a acabar ahí. Eso me dejó atrapado durante tres horas entre la gente, caminando a diez metros por minuto, chocando, tropezando, sudando. Siendo sincero, no pude ver nada de la exhibición, todo estaba lleno de fanáticos del absurdo. Así pues, cancelé todo de mi agenda y me dirigí a casa, a dormir. No quería nada más.
30 de Octubre
Le he hablado a Laura. La he tomado mientras se vestía para ir a una fiesta. Por las cuestiones de su trabajo, poco había salido así que de cierto modo me alegro por ella. Le deseo la pase bien y que se cuide y vuelvo a la búsqueda de empleo.
domingo, 9 de octubre de 2016
Locura y eternidad.
He vivido la locura,
he paseado en sus andenes,
en su epicentro, en sus desvanes,
aunque en realidad de todo eso carece.
En ese mundo no existe nada,
ni siquiera cuerpo o mente,
solo la tendencia hacia el desastre
y los ecos de los pocos transeúntes.
El recuerdo tiene forma de dama,
y es que en todos lados se aparece,
hace que el tiempo se disfrace
de todo menos de presente.
El sonido es una llamada,
un ocupado permanente,
que se escabulle en los oídos palpitantes
que llegan a las fibras de las sienes.
Es la muerte de los mañanas,
es la vida después de la muerte,
si un cielo algún día soñases,
es porque lo eterno no comprendes.
he paseado en sus andenes,
en su epicentro, en sus desvanes,
aunque en realidad de todo eso carece.
En ese mundo no existe nada,
ni siquiera cuerpo o mente,
solo la tendencia hacia el desastre
y los ecos de los pocos transeúntes.
El recuerdo tiene forma de dama,
y es que en todos lados se aparece,
hace que el tiempo se disfrace
de todo menos de presente.
El sonido es una llamada,
un ocupado permanente,
que se escabulle en los oídos palpitantes
que llegan a las fibras de las sienes.
Es la muerte de los mañanas,
es la vida después de la muerte,
si un cielo algún día soñases,
es porque lo eterno no comprendes.
Locura y eternidad.
He vivido la locura,
he paseado en sus andenes,
en su epicentro, en sus desvanes,
aunque en realidad de todo eso carece.
En ese mundo no existe nada,
ni siquiera cuerpo o mente,
solo la tendencia hacia el desastre
y los ecos de los pocos transeúntes.
El recuerdo tiene forma de dama,
y es que en todos lados se aparece,
hace que el tiempo se disfrace
de todo menos de presente.
El sonido es una llamada,
un ocupado permanente,
que se escabulle en los oídos palpitantes
que llegan a las fibras de las sienes.
Es la muerte de los mañanas,
es la vida después de la muerte,
si un cielo algún día soñases,
es porque lo eterno no comprendes.
he paseado en sus andenes,
en su epicentro, en sus desvanes,
aunque en realidad de todo eso carece.
En ese mundo no existe nada,
ni siquiera cuerpo o mente,
solo la tendencia hacia el desastre
y los ecos de los pocos transeúntes.
El recuerdo tiene forma de dama,
y es que en todos lados se aparece,
hace que el tiempo se disfrace
de todo menos de presente.
El sonido es una llamada,
un ocupado permanente,
que se escabulle en los oídos palpitantes
que llegan a las fibras de las sienes.
Es la muerte de los mañanas,
es la vida después de la muerte,
si un cielo algún día soñases,
es porque lo eterno no comprendes.
sábado, 17 de septiembre de 2016
Ensayo 31
1 de Septiembre
Carlos le ha dicho te amo a esta chica. Se ha ganado el nombre de Bianca, que la confidencialidad para con los personajes es necesaria para protegerles de los paparazzi y los fanáticos desquiciantes (sin ofender a nadie). Dejando eso a un lado, me preocupa la velocidad de su enamoramiento, de sus besos a chupetones, de sus manitas sudadas a cuerpos empapados. Claro que yo tambien lo he hecho, y es en ese punto donde no reconozco si habla la experiencia o la envidia. Mientras que en una semana iré a visitar a mi familia por mi cumpleaños, trato de colocar los pies en la tierra, pero es difícil cuando nadie a tu alrededor parece saber o querer hacerlo, cuando Laura solo me habla de la carne y el calor, cuando a Carlos le hierve la sangre y a Alfredo le carcome la bebida el hígado. Y entonces las puntas sienten tierra firme en Miriana, que aun tan ocupada me ha invitado a comer a su casa.
3 de Septiembre
La he ido a ver, y me ha recibido en una combinación entre fachas y un vestido elegante. La falta de maquillaje le da un efecto bastante casual al asunto, pero aun así su sonrisa no la puede ocultar de mí. Esa sonrisa suya y de nadie más luce tan bella, tan apetecible, tan deseable, mientras que mi rostro no hace más que fingir relajación. La he acompañado a comprar los ingredientes para la comida pero en vista de la ausencia de uno, la idea ha cambiado a algo mucho más simple. Me trae sin cuidado, que al fin de cuentas yo no vine por la comida. Ella se abre conmigo, me cuenta de sus ideales de amor, concordamos, debatimos, pero jamás una pelea, sino mas bien un pequeño desafío. Al final he perdido pues no he podido robar aquel beso al cual me ha retado inocentemente durante tanto tiempo. Me insisto que no es el momento, que aun no puedo ofrecerle nada, que he venido como un amigo a sus puertas y no puedo profanar su casa con mis deseos de traición.
7 de Septiembre
Me he encaminado a casa, a mi antigua casa. Me han recibido con sonrisas que se acaban al rato de unas horas, cuando todos vuelven a sus vidas cotidianas y dejan de tener tiempo para disfrutar. No es culpa de ellos, admito que estoy fuera de las épocas vacacionales, eso no quiere decir que no me desanime.
8 de Septiembre
Laura y yo acordamos de vernos. La situación la traté de hacer de lo mas casual: una cerveza en algún bar de los pocos decentes que hay por aquí, platicar de lo que ha pasado, tratar de mantener el pudor a raya y despedirnos con cordialidad. En algún punto de aquella noche, el alcohol se convirtió en condones y el bar en un motel, y así bebimos hasta que nos embriagamos de lujuria y la noche se terminó, dejando una estela de satisfacción y culpabilidad.
9 de Septiembre
Se me ha preguntado que es lo que deseo para celebrar mi cumpleaños. "Una salida a comer y un pastel en casa bastan y sobran" fue mi respuesta.
10 de Septiembre
Y... como si hubiera dicho "hagan lo que quieran", el salir a comer se convirtió en una fiesta familiar en un terreno que quedaba a una hora de la ciudad, donde no había más que Sol, pescado fresco, alcohol y conversaciones sobre personas que en mi vida me han importado. Me hubiera gustado haber podido tomar al menos, pero me lo ha prohibido mi madre. Es así como se arruina un cumpleaños. Por cierto, que el pastel es el mismo que me compraban desde que tenía cuatro años, lo cual me deja pensando si alguna vez se han dado cuenta de que es lo que me gusta en realidad o es solo que nunca les ha interesado. El mejor regalo ha sido el de mi hermano, un par de audifonos para olvidarme por un momento de esta cruda realidad con aroma a pescado y hombres sudados.
12 de Septiembre
El trago amargo me ha hecho decaer y he buscado consuelo en las manos delgadas pero suaves de Laura, y a pesar que ha habido sazón del instinto de por medio, me he terminado acomodando junto a su espalda, quedando dormido la mitad del tiempo que suponía verla. Mientras que por un lado me siento apenado con ella al respecto, he de admitir que me hacía falta dormir con tanta tranquilidad desde hacía mucho.
13 de Septiembre
Por fin he vuelto al departamento después de una semana de amargos, excesos y descaros. Me he topado con un pastel envinado y un par de cervezas. Esto si que alivia, y entre paradojas, me quito lo amargo con la bebida amarga más consumida del mundo.
14 de Septiembre
En dos días iremos a pasar la noche en una cabaña en medio de un bosque, donde Alfredo se lanzará cual kamikaze sobre Silvia. Eso me deja con Miriana y Carlos. No termino de entender aquella situación.
15 de Septiembre
Se esta celebrando algo en las calles, algo que ya todos han olvidado, que parece fue bueno, fue importante, pero ahora sólo es una excusa para la pirotecnia, para el alcohol, para sentirse patrióticos sin saber lo que eso significa. No soy una excepción, y así pues he cocinado un platillo típico y tomado un par de cervezas.
16 de Septiembre
....Y así hasta que la noche se hizo de mañana... y entonces el día del viaje llegó. Mis ojos no encontraron consuelo en el camino, y es que tener al lado a Miriana en el auto me hizo mantener el estado de alerta continuo, sonriente, apacible, quizás feliz. He de admitir que pensé que la cabaña sería más grande, pero al menos también cuenta con una hoguera y una mesa en el exterior.
En primera instancia nos hemos echado a andar y ver en los alrededores. He de admitir que se respiró un poco la decepción al notar la ausencia de fauna silvestre (no puedo contar los perros abandonados), pero el ánimo del grupo subió al encontrar el esqueleto de un cánido en excelente estado. Sé que suena extraño, pero eso pasa cuando sales de excursión con dos estudiantes de medicina y el hijo de dos biólogos, mientras que la cara de Silvia y la mía mostraban cierto escepticismo y complicidad en ello, fue gracioso en cierto modo. La lluvia interrumpió la expedición y volvimos de inmediato a la cabaña, donde el vodka y unas cervezas nos esperaban.
Carlos empezó a sentirse mal y se retiró casi de inmediato de la escena, dejando solo dos extrañas parejas que convivían entre risas exageradas, bromas absurdas y cierto momento que buscaba llegar. La lluvia cesó y entonces prendimos el fuego afuera.
El frío era poderoso, pero todo parecía mejor con la luz de la leña extendiéndose, las salchichas asadas, y el alcohol que no parecía tener fin. En cierto momento Alfredo sacó la guitarra, y empezó a tocar canciones que poco a poco se tornaban más melosas e íntimas, mientras que Miriana parecía atontarse con el alcohol y perdía el hilo que intentaba tejer Alfredo. Opté por llevarla a caminar por las cercanías, lo cual en primera instancia no tomó bien, y aunque intenté explicarle mi punto, su capricho era un argumento aun más poderoso y vivaz. Lo dejamos por la paz y entonces volteamos simultaneamente al cielo, a aquella Luna tan huerfana al cuidado de estrellas lejanas pero que le acompañaban en su melancolía. De repente noté que estaba temblando, cierto que el frío era mortal pero no temblaba por él, sino por lo que sentía dentro, estaba a solas con Miriana, pero las palabras parecían tan dificiles, tan forzadas, sin sentido alguno de mencionar; ella al notarme temblar, me abrazó contra su pecho y dijo "volvamos al fuego, creo que ya les dimos tiempo suficiente".
Al volver ahí, topamos con que Alfredo y Silvia no estaban, y mientras yo me acercaba al fuego, Miriana lo alimentaba con la poca leña que quedaba.
-Se está acabando ya, creí que duraría más. -decía ella, algo más preocupada de lo que debería por los efectos del alcohol.
-Dejalo así, quizás sea hora de que se apague. -Ella se acercó a mí después:
-¿Y bien? ¿No hay nada más que me quieras decir?
-Quizás si, quizás está de más decirlo.
-No, sé honesto conmigo, no quiero que me escondas nada. -Decía mientras sacaba dos cigarrillos de una cajetilla y me combidaba uno.
-Es algo que creo ya sabes, ¿vale la pena decirlo? -Prendía su cigarrillo y el mío.
-Dímelo entonces, ya veré si lo sabía o no.
-...Vale... No sé como decirlo, así que supongo sólo lo diré. Me gustas, y sé que no era ningún secreto.
-Mm... si lo sabía, pero quiero que me digas que es lo que te gusta de mí.
-Vaya, admito que eso no lo esperaba. -La primera de muchas cosas. -Vale, creo que puedo empezar por decir que en este momento no sé que pasa en mi vida. No se lo que quiero, lo que debo de hacer, me encuentro varado, pero si hay algo de lo que en realidad puedo estar seguro es de lo que siento por ti. He tenido la oportunidad de conocerte y con cada día que paso mi interés empezó a volverse en cariño, en preocupación, en alegría de pasar tiempo a tu lado.
-Entonces ya no estamos hablando de gusto, sino de amor...
-Amor... esa palabra... -Esa maldita palabra que tanto miedo me da. -Si, supongo que le puedes llamar así. Si habláramos solo de gusto, te diría que desde la primera vez que te vi, algo se movió dentro mío, pero admitamos que la diferencia de edad era algo en ese momento. Tu catorce, yo diecinueve, no había forma de que eso pudiera acabar bien. En parte me alegro que las cosas hayan pasado así, que al fin de cuentas aquí estoy junto a ti.
-Bueno, que yo te gustaba lo sabía, me lo había dicho mi hermana alguna vez, y efectivamente no te hubiera hecho caso. Es esos tiempos más de alguno lo intentó y la edad los descartaba desde el primer momento. Pero aun sin contar aquel entonces, antes de este momento tuviste varias oportunidades, ¿porqué nunca hiciste nada?
-Esto que te voy a decir creo que igual ya lo sabías, me refiero a lo que Carlos sentía por ti.
-Efectivamente lo sabía. Era muy evidente, pero a pesar de eso, yo siempre lo vi como un hermano. Lo quiero y todo, pero no hubiéramos podido funcionar como pareja. Me alegra que haya encontrado a esta otra chica, Bianca, se nota que encajan muy bien.
-Bien, pues en momentos anteriores, Carlos siempre tuvo la idea de decírtelo incontables veces, y si bien desperdició todas y cada una de las oportunidades, siempre esperé a que el recibiera una respuesta antes que yo empezará a intentarlo de verdad.
-Entonces, ¿hubieras preferido que yo hubiera estado con él?
-Para nada, me hubiera dolido mucho, pero si así dos personas que quiero hubieran sido felices, no tendría como quejarme. Además míralo de esta forma, me he quedado con el mejor escenario para decírtelo: A solas en medio del bosque, al lado de una fogata y con el alcohol ya muy abajo.
-Bueno, me alegra saber todo esto que me estas diciendo, en verdad me alegra, lo agradezco desde muy dentro mío, aquellos que me han dicho lo que sienten los considero valientes, y por lo mismo yo atesoro aquello que me confían,... pero me temo que no pueda darte falsas esperanzas, pues yo ya he encontrado el amor en los brazos de alguien más. Pero en serio que agradezco que me ames, no quiero que pienses que son palabras sin peso.
-Supongo que lo entiendo. Eso no hace que duela menos. -Dije pensándome el desenlace de esta noche como el de muchas otras, pero al alzar la vista noté sus lágrimas cayendo de cada lado de su rostro. No pensé. Sólo la abracé.
-En serio que lo agradezco. -Dijo con la voz entrecortada. -Yo también he sido rechazada, sé lo terrible que es el no. Nos deja marcados aunque nosotros no queramos verlo. Yo por eso quiero atesorar aquellos sentimientos, y aunque sé que no puedo corresponderlos, no significarán menos para mí.
-Disculpame, creo que estaba siendo egoísta viéndolo sólo desde mi perspectiva. Supongo que un gracias es mucho mejor que nada. Más si viene de ti.
-Espera, se está apagando el fuego, solo quedan tres leñas...
-Deja que se apague, ya ha durado lo que tenía.
-No quiero dejarte con un trago amargo, sé que nadie lo merece después de haber sentido tanto. Quiero que entiendas que de verdad me importa este momento, pero no puedo hacer nada para corresponderte, ni siquiera darte una esperanza. Me alegra que lo hayas dicho así, que no lo guardases, que no te excedieses con un beso que acabaría en un bofetón y borrón y cuenta nueva.
-Lo sé, desde antes de decirlo sabía la respuesta. Era igual por eso que quizás no valía la pena decirlo, la respuesta no iba a cambiar, pero si que ha cambiado el escenario en que se me ha presentado. Agradezco esta noche a tu lado. -Tomaba su mano y la calentaba con suaves movimientos de mi pulgar. -Ahora que lo mencionas, no sabes la cantidad de veces que pensé en robarte un beso...
-Que bueno que no lo hiciste, te hubiera quedado marcada la mejilla por un par de días. Además tu no eres ese tipo de hombre. Eres un caballero.
-Eso no me hubiera molestado, creo que hubiera valido completamente la pena. Y sobre lo de ser caballero, es algo que he dejado sólo para ti, pues no tienes idea de la cantidad de besos robados que he dado sin finales tan agresivos. Simplemente no era la forma de hacerlo esta vez. -Sacaba el tercer par de cigarrillos.
-No creo que te hubiera gustado en lo absoluto una cachetada mía. Ha sido mejor así.
-Entonces demuéstramelo. Adelante.
-¿Qué? No te golpearé. No me has hecho nada. Deja pongo otra leña... sólo quedan dos...
-Te he dado mi corazón. ¿Eso cuenta? Vamos, quiero sentirlo. -El rechazo. -Deja que se apague ya, no hace falta más.
Ella me abrazó y dijo: -Tonto.
-Vale, entonces respóndeme una pregunta. En el escenario hipotético donde no estuvieras con aquel tipo, en el que tu corazón fuese libre, ¿habrías dicho que sí? Digo, sé que no soy el mejor partido pero no estoy tan tirado a la calle, quiero pensar.
-Si, al menos lo hubiera intentado. y sobre lo del buen partido, ¿que tipo de persona crees que es "G"?
-Pues a mi parecer, un tipo sin gracia que en algún momento estaba en condición, estudiante de medicina, de bajos ingresos económicos, que muestra dependencia hacia tu persona.
-Lo que ves es lo que es, pero para mí es más que eso. Su querer es algo que me da felicidad, aun si no es perfecto, si no me puede prometer nada. Aun si esto acabase en un par de años, un par de meses, disfrutaría hasta el último día ese amor que me brinda y que yo gustosa también le brindo.
-Justo uno nunca sabe que puede pasar mañana. Quizás yo encuentre alguien más, o quizás tu termines con él y ahí siga esperando yo por ti.
-El futuro es incierto, eso es verdad, a veces uno está arriba y otras veces abajo. Hace poco estuve apunto de terminar con él ¿sabes?
-Sí, lo sabía. En esos días salí contigo, justo entonces pasaba por mi cabeza el aprovecharme de la situación, darte el máximo incentivo para que te separases de él, pero no hubiera sido justo para ninguno de los tres. Si en algún momento he de merecer un sí, sera con todas las de la ley y no tan sólo por un momento de debilidad. -Ella rió un momento.
-No estoy del todo de acuerdo con eso. Soy de pensar que en la guerra y en el amor todo se vale, y si lo digo es porque así conocí a "G". Yo justamente estaba en un momento complicado. Mi pareja en ese entonces se iba a estudiar lejos, y la distancia hizo estragos rápidamente. En ese momento entró él y aunque no lo supiese en ese momento, terminaría involucrándose emocionalmente conmigo y acabaría por ocupar ese lugar que ya lucía ausente.
-Él ha sido un tramposo desde el comienzo a mis ojos. Cada quien su cruz. -Dije mientras encendía el quinto cigarrillo.
-Sigues temblando. Acércate más al fuego. Pondré el último leño.
-No hace falta. No tiemblo de frío, al menos no del que se siente por fuera. -Una mirada de compasión se escapó de su rostro.
-De una forma u otra, siento que hemos vivido cosas similares. Siento que puedo contarte cosas que ni a "G" he contado. ¿Me dejarías abrirte mi corazón?
-Estaría halagado. -Y en ese preciso e increíble momento llegó Alfredo y Silvia con un sentimiento incómodo que se esparció a nosotros, y así las risas forzadas surgieron y se apropiaron de la situación. Así empecé el sexto tabaco.
Las pláticas se tornaron poco fluidas, al punto de rescatarlas narrando "El cuervo" de Edgar Allan Poe. Miriana, que tanto había pedido anteriormente contar historias de terror, estaba ahora aterrada, pidiendo continuamente que me callase. La lluvia caía, en las cercanías se escuchaban movimientos, animales, perros, gatos, insectos, quizá un cuervo con insomnio y con un vocabulario de tres sílabas. El miedo terminó por mandarnos dentro de la cabaña, donde Carlos permanecía entre dormido y delirante. Nos mantuvimos un rato más en la sala de estar, donde empecé a relatar "El gato negro" y Silvia abrazaba a Alfredo, y Miriana se consolaba a sí misma, pues en ese punto yo era el miedo, el frío encarnado, temblando, con una voz firme y elocuente que escudriñaba más que el helado bosque que se cernía detrás.
Por fin nos acostamos, y terminé durmiendo solo en la litera de arriba, mientras que Miriana se metía en las sabanas de Carlos y se ponía cómoda. En ese momento tan solitario, tan depresivo, empecé a contar ovejas. Literalmente conté ovejas, en voz alta, sin preocuparme que alguien le fuese a molestar. Una oveja, dos ovejas...y a las 43, mi voz se quebró y una lágrima resbaló por mi mejilla. Después de una pausa de dos minutos continué, y así hasta llegar a 80. "80 putas ovejas". Me callé y miré al techo, que no se callaba, que seguía goteando, deteniendo la lluvia, deteniendo mi descanso. Me bajé de la litera y volví a la sala de estar, solo, sin abrigo, temblando durante hora y media, pensando lo bien que combinaba con mi sentimiento.
17 de Septiembre
La mañana llegó pronto, sin previo aviso, dejando a la vista cierto ánimo depresivo, corazones rotos, momentos que pudieron ser hermosos hechos cenizas, como la fogata del día anterior. El regreso a casa fue largo, silencioso, castigador. Miriana se recostó en mis piernas y se quedó dormida, mientras que acariciaba sus ligeros rizos. Esa noche bebí, y así los siguientes siete días. Poco más tarde, habría de enterarme que Alfredo corrió una suerte similar que la mía. Quizás la amistad entre sexos opuestos no existe, quizás el amor termina por ganar terreno, la verdad es que nadie sabe vivir solo.
21 de Septiembre
He empezado a ir a terapia. Aun cuando jamás había ido y desconocía el procedimiento para empezar, logré notar ciertas verdades ocultas, como el hecho de que le tengo miedo a mis padres. A mi madre por defraudarle, a mi padre por seguir sus pasos, y que sin embargo estoy muy cerca de ambas situaciones. Hay mucha presión sobre mí, más de la que querría aceptar.
23 de Septiembre
El padre de Alfredo nos ha invitado a un pueblo en las cercanías. Lucía como una buena oportunidad para distraerse, hasta que supimos de que se trataba. Era para enterrar las cenizas de su hermana y para asistir a la misa, como si faltasen más sabores amargos en la boca. En lo personal, detesto las iglesias. No soy ninguna clase de anticristo ni mucho menos, pero el tratar de encontrar paz en un lugar donde la gente se pasa descargando sus malas vibras resulta absurdo a mis ojos. Paredes forradas de oro, y un montón de rostros celestiales recriminándote con la mirada aquello que considerasen incorrecto.
28 de Septiembre
He tenido mi segunda sesión con la psicóloga. Esta vez hablamos del miedo a la dependencia, de como busco curar lazos a modo de romperlos, como estoy atado, es duro enterarse de todo esto. Una cosa más: Tengo miedo a demostrar lo que siento y quiero, es obvio que hay algo por cambiar.
Hablé con Laura hoy, tenía que decirle lo mucho que ha hecho por mí, agradecerle su cariño provisional, sus caricias, sus besos con sabor a cierto, su ligereza para mi pesadez, su sencillez para mi pandemónium. Recibí una bella respuesta, un dulce sabor de boca que me alivió esta noche, pero no sé cuanto durará.
30 de Septiembre
Miriana ha llamado, quiere venir a casa. No se escucha bien y acordamos que era lo mejor estar con ella. Yo bajé a recibirla. Venía con una maleta bajando del taxi, me vio y se rompió. Se lanzó a mis brazos y sus lágrimas desbordaron y así yo la sujetaba, tratando de darle un indicio de fortaleza, de comprensión. La llevé de inmediato al departamento, y empezaron a llover abrazos y preguntas.
Una pelea con "G" era el asunto, de esas que atan cabos, que cierran casos, esas donde las marcas no son sólo emocionales, sino físicas. Mientras ella relataba lo sucedido, mis manos se tensaban, mi puño se cerraba y entumecía, mis dientes chasqueaban, y una vena se marcaba en mi frente. Ella tenía miedo de volver a casa, de enfrentarlo, de que algo más pasase, y justo en ese momento empecé a hablar "en mi opinión, deberías salirte de ahí lo más pronto posible". No estoy seguro si lo dije por mí o por ella, quizás fue un poco de ambos. Mis palabras resonaron, hubo voces concordando, pero la de ella se mantenía callada, quizás sintiendo como dos años de su vida se iban a la basura de un día para otro. Le ofrecimos el departamento durante el tiempo que fuese necesario, pero ya una amiga le había ofrecido quedarse con ella. Aun así tenía que volver a casa. Había dejado un par de cosas y así le acompañamos a ese lugar que jamas se había visto tan tétrico como entonces. Yo me ofrecí para subir su maleta a su departamento, no esperaba que desde la entrada iba a encontrarme a "G". Mi corazón se aceleró, mis brazos empezaron a temblar, no entendía lo que estaba pasando. Me saludó como si nada hubiera pasado, con un descaro digno de un sociopata, con una exigencia de destrozarle la cara. Subimos los tres y de inmediato me encerré con Miriana en su habitación. Ella me abrazó y se percató:
-¿Quieres golpearlo, verdad?
-Como no tienes idea, pero creo que ya has tenido suficiente por un día.
-Gracias por no hacerlo.
-Espera, se está apagando el fuego, solo quedan tres leñas...
-Deja que se apague, ya ha durado lo que tenía.
-No quiero dejarte con un trago amargo, sé que nadie lo merece después de haber sentido tanto. Quiero que entiendas que de verdad me importa este momento, pero no puedo hacer nada para corresponderte, ni siquiera darte una esperanza. Me alegra que lo hayas dicho así, que no lo guardases, que no te excedieses con un beso que acabaría en un bofetón y borrón y cuenta nueva.
-Lo sé, desde antes de decirlo sabía la respuesta. Era igual por eso que quizás no valía la pena decirlo, la respuesta no iba a cambiar, pero si que ha cambiado el escenario en que se me ha presentado. Agradezco esta noche a tu lado. -Tomaba su mano y la calentaba con suaves movimientos de mi pulgar. -Ahora que lo mencionas, no sabes la cantidad de veces que pensé en robarte un beso...
-Que bueno que no lo hiciste, te hubiera quedado marcada la mejilla por un par de días. Además tu no eres ese tipo de hombre. Eres un caballero.
-Eso no me hubiera molestado, creo que hubiera valido completamente la pena. Y sobre lo de ser caballero, es algo que he dejado sólo para ti, pues no tienes idea de la cantidad de besos robados que he dado sin finales tan agresivos. Simplemente no era la forma de hacerlo esta vez. -Sacaba el tercer par de cigarrillos.
-No creo que te hubiera gustado en lo absoluto una cachetada mía. Ha sido mejor así.
-Entonces demuéstramelo. Adelante.
-¿Qué? No te golpearé. No me has hecho nada. Deja pongo otra leña... sólo quedan dos...
-Te he dado mi corazón. ¿Eso cuenta? Vamos, quiero sentirlo. -El rechazo. -Deja que se apague ya, no hace falta más.
Ella me abrazó y dijo: -Tonto.
-Vale, entonces respóndeme una pregunta. En el escenario hipotético donde no estuvieras con aquel tipo, en el que tu corazón fuese libre, ¿habrías dicho que sí? Digo, sé que no soy el mejor partido pero no estoy tan tirado a la calle, quiero pensar.
-Si, al menos lo hubiera intentado. y sobre lo del buen partido, ¿que tipo de persona crees que es "G"?
-Pues a mi parecer, un tipo sin gracia que en algún momento estaba en condición, estudiante de medicina, de bajos ingresos económicos, que muestra dependencia hacia tu persona.
-Lo que ves es lo que es, pero para mí es más que eso. Su querer es algo que me da felicidad, aun si no es perfecto, si no me puede prometer nada. Aun si esto acabase en un par de años, un par de meses, disfrutaría hasta el último día ese amor que me brinda y que yo gustosa también le brindo.
-Justo uno nunca sabe que puede pasar mañana. Quizás yo encuentre alguien más, o quizás tu termines con él y ahí siga esperando yo por ti.
-El futuro es incierto, eso es verdad, a veces uno está arriba y otras veces abajo. Hace poco estuve apunto de terminar con él ¿sabes?
-Sí, lo sabía. En esos días salí contigo, justo entonces pasaba por mi cabeza el aprovecharme de la situación, darte el máximo incentivo para que te separases de él, pero no hubiera sido justo para ninguno de los tres. Si en algún momento he de merecer un sí, sera con todas las de la ley y no tan sólo por un momento de debilidad. -Ella rió un momento.
-No estoy del todo de acuerdo con eso. Soy de pensar que en la guerra y en el amor todo se vale, y si lo digo es porque así conocí a "G". Yo justamente estaba en un momento complicado. Mi pareja en ese entonces se iba a estudiar lejos, y la distancia hizo estragos rápidamente. En ese momento entró él y aunque no lo supiese en ese momento, terminaría involucrándose emocionalmente conmigo y acabaría por ocupar ese lugar que ya lucía ausente.
-Él ha sido un tramposo desde el comienzo a mis ojos. Cada quien su cruz. -Dije mientras encendía el quinto cigarrillo.
-Sigues temblando. Acércate más al fuego. Pondré el último leño.
-No hace falta. No tiemblo de frío, al menos no del que se siente por fuera. -Una mirada de compasión se escapó de su rostro.
-De una forma u otra, siento que hemos vivido cosas similares. Siento que puedo contarte cosas que ni a "G" he contado. ¿Me dejarías abrirte mi corazón?
-Estaría halagado. -Y en ese preciso e increíble momento llegó Alfredo y Silvia con un sentimiento incómodo que se esparció a nosotros, y así las risas forzadas surgieron y se apropiaron de la situación. Así empecé el sexto tabaco.
Las pláticas se tornaron poco fluidas, al punto de rescatarlas narrando "El cuervo" de Edgar Allan Poe. Miriana, que tanto había pedido anteriormente contar historias de terror, estaba ahora aterrada, pidiendo continuamente que me callase. La lluvia caía, en las cercanías se escuchaban movimientos, animales, perros, gatos, insectos, quizá un cuervo con insomnio y con un vocabulario de tres sílabas. El miedo terminó por mandarnos dentro de la cabaña, donde Carlos permanecía entre dormido y delirante. Nos mantuvimos un rato más en la sala de estar, donde empecé a relatar "El gato negro" y Silvia abrazaba a Alfredo, y Miriana se consolaba a sí misma, pues en ese punto yo era el miedo, el frío encarnado, temblando, con una voz firme y elocuente que escudriñaba más que el helado bosque que se cernía detrás.
Por fin nos acostamos, y terminé durmiendo solo en la litera de arriba, mientras que Miriana se metía en las sabanas de Carlos y se ponía cómoda. En ese momento tan solitario, tan depresivo, empecé a contar ovejas. Literalmente conté ovejas, en voz alta, sin preocuparme que alguien le fuese a molestar. Una oveja, dos ovejas...y a las 43, mi voz se quebró y una lágrima resbaló por mi mejilla. Después de una pausa de dos minutos continué, y así hasta llegar a 80. "80 putas ovejas". Me callé y miré al techo, que no se callaba, que seguía goteando, deteniendo la lluvia, deteniendo mi descanso. Me bajé de la litera y volví a la sala de estar, solo, sin abrigo, temblando durante hora y media, pensando lo bien que combinaba con mi sentimiento.
17 de Septiembre
La mañana llegó pronto, sin previo aviso, dejando a la vista cierto ánimo depresivo, corazones rotos, momentos que pudieron ser hermosos hechos cenizas, como la fogata del día anterior. El regreso a casa fue largo, silencioso, castigador. Miriana se recostó en mis piernas y se quedó dormida, mientras que acariciaba sus ligeros rizos. Esa noche bebí, y así los siguientes siete días. Poco más tarde, habría de enterarme que Alfredo corrió una suerte similar que la mía. Quizás la amistad entre sexos opuestos no existe, quizás el amor termina por ganar terreno, la verdad es que nadie sabe vivir solo.
21 de Septiembre
He empezado a ir a terapia. Aun cuando jamás había ido y desconocía el procedimiento para empezar, logré notar ciertas verdades ocultas, como el hecho de que le tengo miedo a mis padres. A mi madre por defraudarle, a mi padre por seguir sus pasos, y que sin embargo estoy muy cerca de ambas situaciones. Hay mucha presión sobre mí, más de la que querría aceptar.
23 de Septiembre
El padre de Alfredo nos ha invitado a un pueblo en las cercanías. Lucía como una buena oportunidad para distraerse, hasta que supimos de que se trataba. Era para enterrar las cenizas de su hermana y para asistir a la misa, como si faltasen más sabores amargos en la boca. En lo personal, detesto las iglesias. No soy ninguna clase de anticristo ni mucho menos, pero el tratar de encontrar paz en un lugar donde la gente se pasa descargando sus malas vibras resulta absurdo a mis ojos. Paredes forradas de oro, y un montón de rostros celestiales recriminándote con la mirada aquello que considerasen incorrecto.
28 de Septiembre
He tenido mi segunda sesión con la psicóloga. Esta vez hablamos del miedo a la dependencia, de como busco curar lazos a modo de romperlos, como estoy atado, es duro enterarse de todo esto. Una cosa más: Tengo miedo a demostrar lo que siento y quiero, es obvio que hay algo por cambiar.
Hablé con Laura hoy, tenía que decirle lo mucho que ha hecho por mí, agradecerle su cariño provisional, sus caricias, sus besos con sabor a cierto, su ligereza para mi pesadez, su sencillez para mi pandemónium. Recibí una bella respuesta, un dulce sabor de boca que me alivió esta noche, pero no sé cuanto durará.
30 de Septiembre
Miriana ha llamado, quiere venir a casa. No se escucha bien y acordamos que era lo mejor estar con ella. Yo bajé a recibirla. Venía con una maleta bajando del taxi, me vio y se rompió. Se lanzó a mis brazos y sus lágrimas desbordaron y así yo la sujetaba, tratando de darle un indicio de fortaleza, de comprensión. La llevé de inmediato al departamento, y empezaron a llover abrazos y preguntas.
Una pelea con "G" era el asunto, de esas que atan cabos, que cierran casos, esas donde las marcas no son sólo emocionales, sino físicas. Mientras ella relataba lo sucedido, mis manos se tensaban, mi puño se cerraba y entumecía, mis dientes chasqueaban, y una vena se marcaba en mi frente. Ella tenía miedo de volver a casa, de enfrentarlo, de que algo más pasase, y justo en ese momento empecé a hablar "en mi opinión, deberías salirte de ahí lo más pronto posible". No estoy seguro si lo dije por mí o por ella, quizás fue un poco de ambos. Mis palabras resonaron, hubo voces concordando, pero la de ella se mantenía callada, quizás sintiendo como dos años de su vida se iban a la basura de un día para otro. Le ofrecimos el departamento durante el tiempo que fuese necesario, pero ya una amiga le había ofrecido quedarse con ella. Aun así tenía que volver a casa. Había dejado un par de cosas y así le acompañamos a ese lugar que jamas se había visto tan tétrico como entonces. Yo me ofrecí para subir su maleta a su departamento, no esperaba que desde la entrada iba a encontrarme a "G". Mi corazón se aceleró, mis brazos empezaron a temblar, no entendía lo que estaba pasando. Me saludó como si nada hubiera pasado, con un descaro digno de un sociopata, con una exigencia de destrozarle la cara. Subimos los tres y de inmediato me encerré con Miriana en su habitación. Ella me abrazó y se percató:
-¿Quieres golpearlo, verdad?
-Como no tienes idea, pero creo que ya has tenido suficiente por un día.
-Gracias por no hacerlo.
Ensayo 30
1 de Agosto
Entrega de documentos en la universidad y en el trabajo. Nada en particular más que el deseo de terminar de una vez por todas. El último gran paso son los dos examenes que me han clavado por mera negligencia de la universidad. "Estoy listo" es una mentira bastante creíble en mi cabeza.
12 de Agosto
En dos días serán las evaluaciones y alguien parece más preocupado en dormir bien que en estudiar para ellos. Quizás debería hablar con él.
14 de Agosto
Por fín. Libre. Ahora puedo flotar hacia la nada.
20 de Agosto
Carlos parece emocionado. Después de mucho tiempo, se volvió a atrever a salir con una chica y aunque no tiene grandes expectativas de avance, existe cierta química que no puede negarse.
21 de Agosto
Ha llegado dando brincos de alegría. Los hombres de ahora se conforman con un beso, y es por eso que me niego a juzgar su alarde, aunque el mundo sigue, yo me quedo. Me han dicho que Miriana ha vuelto a la ciudad, quizás deba intentar empezar a moverme, puede que no sea tan malo.
22 de Agosto
Le he hablado, pero parece estar ocupada en la universidad, supongo que no había vuelto para divertirse. Cuando uno tiene tanto tiempo libre, empieza a perder, no sólo la noción del tiempo, sino también del entorno, de los demas, de las circunstancias. El único lugar a donde ir en estos casos es la cama, que parece nunca cambiar su esencia perezosa y solidaria.
26 de Agosto
El cumpleaños de Alfredo. Carlos y yo nos hemos asegurado de que sea un día agradable, pero al final aquella chica tan importante para él ha hecho su parte también. Al final sus amigos han llegado a casa y le hemos improvisado una fiesta sorpresa. Él ríe, y todos ríen y beben, mientras que cae la noche y todos se van menos las tres personas más importantes para él en esa habitación, los personajes principales he de decir. Silvia y Alfredo hablan, ríen, coquetean de una manera inocente y confusa que ellos no parecen entender, pero se acurrucan, se confiesan y de repente un ruido se escucha en la sala: un vaso roto.
29 de Agosto
Alfredo está encerrado en su habitación; las cosas no han ido como el hubiera querido y necesita digerirlo. Me gustaría poder hacer algo por él pero no parece ocupar un apoyo mas que el de su almohada. Por otro lado Carlos derrocha alegría, pues la chica aquella ha aceptado una relacion formal. Pienso que ha sido todo muy rápido, que quiere comerse el mundo como yo una vez lo quise, como Alfredo también y entonces recuerdo que es cuatro años menor que yo, que nada está escrito aun, y que por más que piense que puede ser un error, no puedo desacreditar los sentimientos de los dos. Ahora soy el neutro, el punto intermedio entre la depresión y la dicha.
30 de Agosto
El alcohol se ha vuelto la cena de estos días para Alfredo y para mí. Aunque no lo pareciese, somos similares, porque mientras uno recibió un no a medias y el otro uno implícito, estamos rotos, aun con esperanzas, pero sin la voluntad de levantarnos. Algun día lo haremos, algun día quizás seamos todos felices, y quizas también los monos emprendan el vuelo, cuando me dejen dos monedas para el barquero quizás.
Entrega de documentos en la universidad y en el trabajo. Nada en particular más que el deseo de terminar de una vez por todas. El último gran paso son los dos examenes que me han clavado por mera negligencia de la universidad. "Estoy listo" es una mentira bastante creíble en mi cabeza.
12 de Agosto
En dos días serán las evaluaciones y alguien parece más preocupado en dormir bien que en estudiar para ellos. Quizás debería hablar con él.
14 de Agosto
Por fín. Libre. Ahora puedo flotar hacia la nada.
20 de Agosto
Carlos parece emocionado. Después de mucho tiempo, se volvió a atrever a salir con una chica y aunque no tiene grandes expectativas de avance, existe cierta química que no puede negarse.
21 de Agosto
Ha llegado dando brincos de alegría. Los hombres de ahora se conforman con un beso, y es por eso que me niego a juzgar su alarde, aunque el mundo sigue, yo me quedo. Me han dicho que Miriana ha vuelto a la ciudad, quizás deba intentar empezar a moverme, puede que no sea tan malo.
22 de Agosto
Le he hablado, pero parece estar ocupada en la universidad, supongo que no había vuelto para divertirse. Cuando uno tiene tanto tiempo libre, empieza a perder, no sólo la noción del tiempo, sino también del entorno, de los demas, de las circunstancias. El único lugar a donde ir en estos casos es la cama, que parece nunca cambiar su esencia perezosa y solidaria.
26 de Agosto
El cumpleaños de Alfredo. Carlos y yo nos hemos asegurado de que sea un día agradable, pero al final aquella chica tan importante para él ha hecho su parte también. Al final sus amigos han llegado a casa y le hemos improvisado una fiesta sorpresa. Él ríe, y todos ríen y beben, mientras que cae la noche y todos se van menos las tres personas más importantes para él en esa habitación, los personajes principales he de decir. Silvia y Alfredo hablan, ríen, coquetean de una manera inocente y confusa que ellos no parecen entender, pero se acurrucan, se confiesan y de repente un ruido se escucha en la sala: un vaso roto.
29 de Agosto
Alfredo está encerrado en su habitación; las cosas no han ido como el hubiera querido y necesita digerirlo. Me gustaría poder hacer algo por él pero no parece ocupar un apoyo mas que el de su almohada. Por otro lado Carlos derrocha alegría, pues la chica aquella ha aceptado una relacion formal. Pienso que ha sido todo muy rápido, que quiere comerse el mundo como yo una vez lo quise, como Alfredo también y entonces recuerdo que es cuatro años menor que yo, que nada está escrito aun, y que por más que piense que puede ser un error, no puedo desacreditar los sentimientos de los dos. Ahora soy el neutro, el punto intermedio entre la depresión y la dicha.
30 de Agosto
El alcohol se ha vuelto la cena de estos días para Alfredo y para mí. Aunque no lo pareciese, somos similares, porque mientras uno recibió un no a medias y el otro uno implícito, estamos rotos, aun con esperanzas, pero sin la voluntad de levantarnos. Algun día lo haremos, algun día quizás seamos todos felices, y quizas también los monos emprendan el vuelo, cuando me dejen dos monedas para el barquero quizás.
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